15 de febrero - 2026

Por Ana Lilia Rivera Rivera
La aprobación de la reforma constitucional que reduce la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales marca un antes y un después en la historia del trabajo en México. No es una medida improvisada ni ideológica: es una respuesta responsable a una realidad que por años ha sido ignorada. Nuestro país se encuentra entre los que más horas trabajan al año y, paradójicamente, ese esfuerzo no se refleja en mejores niveles de bienestar. Trabajar más no ha significado vivir mejor.
En este contexto, votar a favor de esta reforma fue un acto de congruencia con una visión de justicia social que pone en el centro a las personas. Las y los trabajadores son quienes sostienen la economía nacional y regional.
En Tlaxcala, su aportación es evidente: desde la industria manufacturera y automotriz, pasando por el comercio y los servicios, hasta el campo y las pequeñas unidades productivas que dan identidad y sustento a nuestras comunidades.
Reducir la jornada laboral sin afectar salarios ni prestaciones es reconocer que el tiempo también es un derecho. Tiempo para la familia, para el descanso, para la salud y para la convivencia comunitaria. En Tlaxcala, donde miles de personas realizan traslados diarios hacia zonas industriales o incluso a estados vecinos, una jornada más corta significa menos desgaste físico y emocional, menor estrés y mejores condiciones para la vida familiar.
Los beneficios no son sólo sociales, también son económicos. Diversos estudios internacionales muestran que jornadas más cortas, acompañadas de buena organización del trabajo, incrementan la productividad, reducen el ausentismo y disminuyen la rotación laboral. Para Tlaxcala, esto representa una oportunidad concreta: fortalecer su competitividad como estado industrial sin recurrir a la sobreexplotación de la mano de obra. Un trabajador descansado rinde más, se capacita mejor y se compromete con su empresa.
Además, esta reforma tiene un impacto directo en la salud pública. Jornadas prolongadas están asociadas a enfermedades crónicas, accidentes laborales y problemas de salud mental. Menos horas de trabajo significan menos presión sobre los sistemas de salud y una mejor calidad de vida para miles de familias tlaxcaltecas. Es una política preventiva que, a largo plazo, reduce costos sociales y económicos.
La implementación gradual de 2026 a 2030 permitirá que los centros de trabajo se adapten con responsabilidad, planeación y diálogo. Las micro, pequeñas y medianas empresas —tan importantes en la economía de Tlaxcala— contarán con el tiempo necesario para reorganizar procesos, invertir en capacitación y aprovechar la innovación tecnológica para elevar su productividad sin precarizar el empleo.
Hablar de la jornada de 40 horas es hablar de dignidad. Es entender que el desarrollo no puede medirse sólo en cifras macroeconómicas, sino en la posibilidad real de que las personas vivan mejor.
Desde el Senado, mi compromiso es claro: seguir impulsando un modelo laboral más humano, donde el crecimiento económico vaya de la mano del bienestar social y donde Tlaxcala avance con justicia, equilibrio y futuro.
Senadora de la República por el Estado de Tlaxcala
Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de Gentetlx
