26 de enero - 2026

Por Edgardo Cabrera
Hace décadas normalizamos el nepotismo político y en los gobiernos de Tlaxcala, la nueva mafia del poder, esa de la transformación para el bienestar familiar, repitió el esquema de los prianistas, por cierto, son los mismos que siempre han mal gobernado, ahora con las siglas de Morena.
El último caso se concretó la semana pasada cuando rindió protesta Silvano junior como diputado local propietario en sustitución de su “apá”, don Silvano Garay. Ya lo había adelantado en esta columna, algunos lo dudaron y fueron con la fuente a preguntarle, hábil como se le conoce, “no confirmó, ni tampoco desmintió”, pero lo advertí, era cuestión de días para que se concretara la salida del petista para asumir sus tareas de representante de la dirigencia nacional ante el INE.
Desde su registro como candidato se sabía que el suplente era el hijo, los petistas no se quejaron, el “pueblo” que votó por ellos menos, entonces porqué se indignan, así lo consintieron, es la “normalización” del nepotismo. Don Silvano le heredó a su hija Irmala diputación federal, donde fue reelecta tras imponerla como candidata, de nuevo, antes ya había sido diputada local.
En el PT también están los nepotistas Covarrubias Cervantes, Miguel Ángel fue presidente de Texoloc, le heredó a su madre el puesto, en tanto éste se convirtió en diputado local, la matriarca Maribel, a su vez, le dejó a su otro hijo, Arturo, la alcaldía. Miguel Ángel no pudo ser candidato a una segunda reelección, pero estuvo dos veces consecutivas (la primera bajo las siglas del PRD, luego el PT), pero eso no impidió imponer a su mamá, en acuerdo con los Garay, como pluri.
Otro símbolo del nepotismo son los Ortiz, su historia data desde la UAT, avanza por el gobierno estatal y su instituto político, el Partido Alianza Ciudadana, Héctor y su hermano Serafín, así como la sobrina, Alejandra, han heredado la curul local pluri, el ex gobernador dos veces pluri con el PAC e igual de intrascendente, ahora incursionaron en las elecciones judiciales y colaron a otro de sus sobrinos como magistrado (hermano de Alejandra). Como mandatario, Héctor Israel fue escándalo nacional cuando la revista Emmequis difundió su árbol genealógico de su administración.
Y ni qué decir de Beatriz Paredes, su sobrino, Enrique Padilla no es el único cuyo único mérito es el parentesco para escalar, chapulinear y siempre estar en la nomina de un gobierno, partido o poder. La ex mandataria sigue beneficiando a hermanos, primos, tíos, sobrinos, nietos, en fin.
Más ejemplos de la normalización del nepotismo son los Menas, Cisneros y Cuéllar, sus principales exponentes Marco, Fabricio, Joaquín y por supuesto Lorena, ésta última superó a los Ortiz.
Tiene a sus dos hijas al frente del DIF y Bienestar, recordemos, le creó ex profeso una dependencia a Fernanda, más de mil millones de pesos del presupuesto manejan, pero la lista de los Cuéllar Cisneros en puestos es larguísima incluye cuñados, sobrinos, tíos, ex parejas sentimentales, amantes, en fin, no terminaríamos en este espacio de enlistarlos.
Es tal el descaro, que nadie se queja porque inmuebles oficiales lleven el nombre del fundador del clan: el salón “Joaquín Cisneros”, pero también hay auditorios bautizados con nombres de los familiares de la gobernadora, ese es el nepotismo institucionalizado.
La lista sigue, es tan larga y no solo abarca el terreno de lo estatal, sino el ámbito municipal, no solo es Texoloc, hay más hermanos o padres que heredan minireinados como en Contla. El recuento es largo y penoso.
