OOPS……
21 de octubre - 2021

Por Mauricio Hernández Olaiz

Luego de la “estrategia” de contención que buscaron llevar a cabo las plumas afines al gobierno junto a su aparato de “comunicación” gubernamental por las quejas de la oposición con respecto al incremento de los índices de inseguridad en Tlaxcala, no solo no funcionó, sino que se incrementó.

Y es que la ya muy quemada maniobra de culpar al gobierno anterior, no solo ya no funciona, sino que evidencia una total falta de habilidad para encarar el problema. Desde el inicio del gobierno de López Obrador se ha buscado culpar a los opositores. Así se la ha llevado tres años, la nota es que en este mes de Octubre se pueden alcanzar los 100 mil asesinatos en la Presidencia de la 4T.

Hasta septiembre van 97,532 homicidios dolosos, según cifras oficiales. Sigue siendo el gobierno más violento de la historia moderna. El que la administración en Tlaxcala comience con las mismas mañas para cubrir su inoperancia no son buenas noticias.

Pero la fallida táctica de condenar a quienes hoy levantan la voz por la inseguridad en el estado, como fueron los diputados Cambrón del PRD, Temoltzin del PAN, Águila del PRI y Ramírez del PAC, resultó en que se cuestionara, aún más, las actuaciones de la procuraduría y de la secretaría de seguridad ciudadana.

Ante el notable silencio de la procuradora, Ernestina Carro, se suma la reserva de Alfredo Álvarez Valenzuela, titular de la SSC de quién, no solo se pone en duda que cuente con una estrategia de seguridad para el estado, sino también de su  calidad moral como funcionario público.

Y es que según el portal Agencia periodística de Investigación, en una nota de julio del 2014, informa que el hoy titular de la SSC en Tlaxcala fue encarcelado acusado de tortura, abuso de autoridad y desaparición forzada, mientras fue  secretario de seguridad en Acapulco, además de estar directamente involucrado en el caso Ayotzinapa pues fue comisario de la Policía Federal en Guerrero cuando se realizó la ejecución extrajudicial de los normalistas Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús.

OOPS…no son datos menores, como para aquellos que juran que la transparencia será el eje rector de su gobierno. El que no hayan dado a conocer a la ciudadanía datos relevantes como estos luego del nombramiento de Álvarez Valenzuela, nos hace cuestionar su compromiso verdadero con la verdad y la transparencia.

¿Quién nos cuida?, por ello no nos cuesta especular con que los recientes homicidios de alto impacto y hechos delictivos en el estado no tengan la firma de un nuevo “boss” en la zona.

No sé quién le recomendó, o impuso, a este personaje a la gobernadora, pero haya sido como haya sido, quien hizo su nombramiento oficial fue ella, por lo tanto es la principal responsable de su actuación, historial y resultados.

Mientras las plumas afines no se cansan de cuestionar el “negro” historial de algunos colaboradores en las presidencias municipales, especialmente la de Tlaxcala capital, no tuvieron la misma energía ni énfasis en dar a conocer la historia del hoy responsable de la seguridad en Tlaxcala.

Por supuesto que el hoy titular de la SSC se dice inocente de todos los cargos, probablemente así sea, pero eso no nos impide cuestionar si con esos antecedentes valía la pena poner a un personaje foráneo, que estuvo tras las rejas, en lugar de uno más conocedor del territorio como se pensó lo sería Sergio Ramírez Manzur, quién fue borrado de un día para otro.

Para completar los cuestionamientos sobre el titular de seguridad en Tlaxcala basta ver el video en donde se ve como “entrenan” a los policías estatales a cargo de Alfredo Álvarez Valenzuela….

Oops…

Van un poco más de 50 días del gobierno de la nueva historia, en materia de seguridad no hay avances, por el contrario, pero de seguir con la estrategia federal, a mitad del sexenio seguramente seguirán diciendo…Mena me dejó un cochinero…Oops.

@olaizmau

*Oops es una interjección del idioma inglés que podemos traducir al español como “uy”. Su pronunciación es “ups”. … Oops también es una expresión que puede usarse con sentido irónico, como picardía o como humor negro.

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