5 de septiembre - 2016
Por P. Ranulfo Rojas Bretón
¿Hasta dónde hay que amar? Se le preguntaba a la Madre Teresa de Calcuta, a lo que ella respondía siempre con una sonrisa: “hay que amar hasta que duela”. Y es que todos lo sabemos muy bien “amar duele”. Es muy hermoso amar, no por nada es el mayor de los sentimientos, es el motor de la vida y es lo que ha permitido cambiar al mundo. Por amor se hacen maravillas, por amor se hacen locuras, por amor se realizan los más grandes sacrificios y se soportan los mayores sufrimientos.
Ejemplos de amor, podemos encontrar muchísimos en la historia y aprender de ellos es el mejor aprendizaje. Si a alguien se le ofreciera una suma de dinero muy importante por pasar de un edificio de gran altura a otro a través de una tabla de apenas 10 centímetros de ancho, seguramente no habría quien se animara a hacerlo, pero si a la mitad de esa distancia se encontrara su bebé en peligro, seguro que ningún padre y menos una madre dudaría en ir por ella. Así es el amor como motor.
En una ocasión un enviado de Lady Di, logró ver en la India a la Madre Teresa lavar con mucho amor y delicadeza la carne putrefacta de un enfermo de lepra y asqueado el enviado le dice: “Madre de verdad lo que acaba de hacer yo no lo haría aunque me dieran un millón de dólares”. La Madre Teresa con una sonrisa le contestó: “yo tampoco lo haría si me dieran un millón de dólares, yo lo hago por amor”.
Y de que el amor duele, sin duda podríamos compartir muchas experiencias de ello. Una manera de explicar a qué se refiere ese dolor, es por ejemplo en lo económico; a muy pocos les dolería dar diez pesos a alguien, pero si se pidiera mil pesos o dos mil pesos, especialmente cuando también los necesito, cuando tengo que comprar algo que me hace mucha falta y de pronto aparece la posibilidad de desprenderme de ese dinero en favor de alguien que lo necesita un poco más que yo, pues no es algo agradable, siempre duele. Duele sacar de la bolsa ese dinero y entregarlo.
Duele privarse de algún gusto, de algo placentero para dar ese dinero o incluso ese tiempo en favor de otro, sea quien sea. Pues bien, en la mente de la Madre Teresa, ese dolor es la mejor prueba de amor. El tiempo que bien podrías ocupar para descansar, o para tus cosas y de pronto tienes que dedicar a ayudar, no es tan grato, pero siempre ese dolor es el que hace más valioso tu apoyo.
La Madre Teresa acaba de ser declarada oficialmente santa y digo oficialmente porque así como con Juan Pablo II inmediatamente a su muerte ya había voces que pedían su pronta canonización y es que todos veíamos en esa mujer tan pequeña y tan enjuta la expresión del amor de Dios y la santidad. La Madre Teresa es la mejor expresión de quien vive las obras de misericordia y así ofreciendo su vida en amor a los más necesitados a aquellos “intocables” de la India, nos mostró lo que significa “amar al prójimo”. ¿Qué tenía esa pequeña mujer que ensenó tanto al mundo? Creo que estaba llena del amor de Dios y lo expresaba en cada momento de su vida. Ella logró fundar órdenes religiosas dedicadas a ese delicado servicio de vivir la misericordia. Hoy las Hermanas Misioneras de la Caridad están por todo el mundo tratando de continuar la obra de esa admirable mujer originaria de la actual Macedonia en el Antiguo Imperio Otomano que simplemente se dedicó a vivir el Evangelio de Jesús, a ver en el necesitado la presencia del mismo Jesús necesitado y trató de mitigar los sufrimientos de ellos. Una gran santa para nuestro tiempo, una mujer de altísima calidad humana que merece todo nuestro amor, reconocimiento y veneración. Ojalá que nosotros también seamos capaces de “Amar hasta que duela”.

