4 de agosto - 2015
En el maridaje azul-tricolor, los panistas, principalmente, han sacado a relucir el cobre, evidencian enorme ambición de poder, se quieren comer “a puños” el Congreso. Los priístas, hábiles, simplemente los han dejado alimentar sus ambiciones. El movimiento de la CNTE ha generado opiniones divididas en la sociedad
Por Edgardo Cabrera
En la luna de miel que viven priístas y panistas en el Congreso local 2 nuevos objetivos tienen en la mira: la limpieza de las áreas administrativas, y una nueva reforma constitucional para disminuir de 180 a 90 los días para que un funcionario público, diputado o alcalde, se separe de su cargo para ir en busca de otro.
Sobre este último punto, llama la atención la urgencia por corregir la recién aprobada reforma electoral –la que por cierto aún no es publicada en el Diario Oficial del Estado-. Se dieron cuenta que les ganaron las “ansias” y ellos mismos se pusieron el pie en sus aspiraciones chapulinescas.
Y es que de aplicarse la ley a raja tabla, a más tardar en diciembre tendrían que hacer sus maletas y pedir licencia los alcaldes –principalmente panistas- que aspiran a ser diputados locales o candidatos a la gubernatura.
En tanto que los legisladores, que se estiman son la gran mayoría y de todas las bancadas, antes de que acabe el año tendrían que dejar su curul en pos de una presidencia municipal.
Para ser claros, hablamos de que a partir de diciembre dejarían de mamar del presupuesto para rascarse con sus propias uñas en busca de una candidatura y eso no les gusta.
Paralelamente priístas y panistas pusieron el ojo en áreas que están en manos de los izquierdosos; se trata de quitarle al PRD la secretaría administrativa y al Socialista el Instituto de Estudios Legislativos.
La rudeza con la que actúan es innecesaria y en el pecado llevarán la penitencia.
En el maridaje azul-tricolor, los panistas, principalmente, han sacado a relucir el cobre, evidencian enorme ambición de poder, se quieren comer “a puños” el Congreso. Los priístas, hábiles, simplemente los han dejado alimentar sus ambiciones.
A favor y en contra
El movimiento de la CNTE ha generado opiniones divididas en la sociedad y, en el caso de Tlaxcala, las marchas lo mismo les han ganado adeptos que detractores, pero parece que los últimos son los más.
No vamos lejos, en la de ayer, automovilistas y ciudadanos que vieron interrumpidas sus labores cotidianas por los bloqueos expresaron su repudio, hay quienes consideran que su protesta no tiene razón de ser.
Y es que la Reforma Educativa es un tema validado por la mayoría de los partidos políticos, incluso por el SNTE, por lo que no se justifica la exigencia de la disidencia para querer tirar el rubro de la evaluación.
Afirman que los inconformes no quieren ver que los padres de familia, que la sociedad en general, quieren una educación de calidad que sirva a sus hijos.
Argumentan que la mayoría de los maestros son también padres o abuelos que quieren exactamente lo mismo: mejor preparación para sus hijos y nietos a manos de profesores más aptos.
Los docentes inconformes, en contraparte, quieren ganar adeptos a sus protestas al asegurar que la reforma tiene la intención de “privatizar” la educación y de cargar a los padres de familia los gastos del mantenimiento de las escuelas.
A las visiones anteriores hay que agregarle la inconformidad de la CNTE de Oaxaca a la que le cerraron la llave de los recursos luego de quitarles el control del organismo rector de la educación, de ahí que convocaran a manifestaciones nacionales, como la realizada ayer en Tlaxcala.
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