Veneración maternal
11 de mayo - 2015

ranulfo_rojas

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

En México la veneración maternal es uno de los grandes valores sobre los que se asienta su idiosincrasia. La sociedad mexicana puede vanagloriarse o criticarse por su machismo pero todo cambia cuando se trata de su mamá. Muchos pensadores han derramado mucha tinta hablando del fenómeno mexicano de la mamá y la mayoría coincide que es parte fundamental de su estructura cultural.

No solo porque está asociada al “fenómeno guadalupano” en el que la virgen de Guadalupe se convierte en la expresión más elevada de la maternidad, no solo es madre, es protectora, es defensora, es motivación para enfrentar obstáculos y retos. También es un elemento sagrado que según muchos, permitió la consolidación de México. Es muy difícil y casi imposible entender a México sin la virgen de Guadalupe. Ella ha estado presente en los acontecimientos históricos más importante: en los inicios de la evangelización, en la independencia, en la revolución, en la guerra cristera o persecución religiosa. Ha sido muy significativa en el fenómeno migratorio que vivimos y padecemos, pues los migrantes toman a la virgen de Guadalupe como su protectora para poder pasar y atravesar los numerosos peligros. Los migrantes mexicanos y centro americanos han propiciado la difusión de su culto en todos los Estados Unidos. Ahora muchos americanos, peregrinan a México y tienen como destino obligado la Villa de Guadalupe.

Pero la veneración sagrada a la virgen de Guadalupe se ve analógicamente también en la sacralidad de la veneración que el mexicano da a su madre. Ejemplos como en las películas del cine de oro en México en los que el charro valiente, parrandero, jugador y enamorado, quien parece no respetar a nada ni a nadie, que se enfrenta contra la autoridad a quien tampoco respeta, sin embargo, tan pronto se le para enfrente la figura diminuta de su madre, todo lo irrespetuoso y bravucón desaparece, e incluso esa pequeña mujer puede tomarlo de la oreja, o con el cinturón golpearlo sin que aparezca el mínimo gesto de rebeldía.

Así es el mexicano, que puede tolerar ofensas o agresiones, pero que por nada toleraría una ofensa contra su madre, ahí se acaba toda tolerancia y se justifica cualquier acción por grave que pueda ser: “Se metieron con mi jefa y ahí sí ya no lo puedo soportar”. Su mamá puede ser lo que sea, pero para el mexicano su madre es una santa, por eso, cualquier comentario que ponga en duda su santidad, especialmente si se le ofende con comentarios sexuales, ahí sí “ardió Troya”. “Nunca le ofendas a su madre a un mexicano, -dicen en el extranjero- porque ahí sí no te la vas a acabar”.

La sacralidad de la madre si bien está en el inconsciente colectivo, lamentablemente no está en la práctica social. Porque tal como se venera a la madre, cualquiera podría que pensar que en la práctica el respeto es parte de la vida de todos los mexicanos, sin embargo, la veneración que se le da, se parece mucho a lo que pasa en el aspecto religioso, hay mucha veneración y culto pero la vida está muy lejos. Se vive una dicotomía entre el sentimiento y las acciones concretas de amor. Así como en la religión, hay muchas prácticas rituales, mucho culto, pero el modo de vivir el cristianismo es más superficial y los principios no son llevados a la vida concreta. Por eso, es muy común ver a la madre sufriente y dolorosa que acompaña a su hijo en el viacrucis de cada día, que ve como se tira a la bebida y malgasta el dinero que con tanto sufrimiento obtiene, en farras con los amigos, ante los cuales el dinero le sobra. La mamá que pasa noches en vela esperando al hijo que llegue y recibirlo borracho, golpeado, y olvidado de todo lo que sucede alrededor para que al otro día simplemente oiga los reclamos de la madre los cuales no provocarán ninguna conversión porque tan pronto se preste la oportunidad volverá a perderse con los amigos.

El mexicano piensa que respeta mucho a su madre y que no le faltará al respeto por ninguna razón, pero cree que respeto es simple veneración, la cual siempre tendrá y no entiende que respeto y veneración solo son reales cuando se manifiestan en las cosas concretas, en actitudes y en comportamientos. No le entra en la mente que respeto y veneración se muestran en el modo como vive, en los principios que practica, en el modo como respeta su casa y si es casado en el modo de tratar a su familia.

Es muy difícil que el mexicano en general entienda que cuando se trata de festejar a su mamá, de felicitarla, no es en los regalos en lo que se basa la esperanza de una madre, no entiende que lo material para una madre es lo menos importante, que ella más quisiera ver viviendo bien a sus hijos, verlos en armonía, en paz, cercanos a su familia que llenar la casa de flores o de regalos costosos. Como el mexicano no lo entiende, al festejar a su madre es muy común que le lleve mariachis, que haga una buena comida y lleve sus botellas de alcohol para convivir y se emborrache de pura felicidad porque es el día de su mamá, de su mamacita chula, de su madre santa, para que Dios se la conserve siempre. Así descarga en Dios la responsabilidad del cuidado de su madre mientras él seguirá con la vida que le gusta vivir.

Poco entiende el mexicano que el amor y veneración maternal, debe cristalizarse en cosas concretas. Tal como dice el Papa Francisco, no es un amor de telenovela, tampoco es un amor de poesía, se trata de mostrar amor en lo concreto de la vida, en la preocupación sincera por su madre, en ayudarla en las necesidades básicas como la alimentación, el vestido, la salud. En ser solidario con los gastos de la casa materna. Hay hijos que porque ya hicieron su propia familia se desentienden de su madre y no están pendientes de sus necesidades. La verdadera veneración está en la responsabilidad y compromiso que como hijos les debemos a nuestros padres, y esto, no tiene caducidad, mientras nuestros padres vivan, la responsabilidad siempre estará presente.