Emergencia por la paz
8 de diciembre - 2014

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Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

¡Trabajar por la paz urge! Así tituló su rueda de prensa la Conferencia del Episcopado Mexicano el día 5 de diciembre en la que presentó los resultados del: “Acompañamiento Integral a Víctimas de las Violencias en la Arquidiócesis de Acapulco, construcción de paz de cara a la crisis humanitaria en México”, encabezado por Monseñor Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Acapulco, a través del cual se han atendido a mil 541 víctimas y a 202 familias, sólo de junio de 2013 a julio de 2014.

Monseñor Carlos Garfias explicó que: “este acompañamiento se ha dado en alguna o varias de las cuatro modalidades: pastoral, espiritual, psicosocial y jurídico. Se busca que las víctimas se reconcilien y se reconstituyan con ellas mismas para evitar que se conviertan en personas llenas de rencor, que busquen venganza o se conviertan en nuevos victimarios. Muchas de estas víctimas acompañadas por la Arquidiócesis de Acapulco hoy participan como promotores y constructores de paz en sus comunidades. Esta provincia eclesial ya ha conformado cinco Centros de Escucha y está por abrir otros dos en la Costa Grande, para seguir trabajando este tema.

De pronto podría parecer que la Iglesia no hace nada en línea práctica pero esta experiencia nos muestra lo importante que es escuchar y apoyar a las víctimas “de las violencias” porque estamos claros que no se trata de una sola forma de violencia la que se ha dado. El Estado de Guerrero ha sido uno de los más sufridos y en los que la violencia más se ha dejado sentir.

La Iglesia repetidamente ha llamado la atención con la palabra que sin duda es su fuerte, pero poco se sabe de las acciones pastorales que en lo práctico realiza. Por eso es importante el saber de los esfuerzos que se dan en la Arquidiócesis de Guerrero que conforman varias Diócesis como Chilpancingo-Chilapa, -a donde pertenece Iguala-, Tlapa de Comonfort, Cd. Altamirano y el mismo Acapulco como zona de graves dificultades y cómo ha apoyado a víctimas tocando el corazón y logrando su transformación en promotores de la paz.

También la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS), a través de la Dimensión de Justicia, Paz y Reconciliación, Fe y Política, que preside Mons. Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca, presentó las “Directrices” como un instrumento de apoyo a la Pastoral Social, pero aprovechó la rueda de prensa para insistir que los obispos tiene clara conciencia sobre la situación que se vive en la patria, afirmando: “reconocemos que no es fácil restablecer la paz, se trata de un proyecto de largo aliento que requiere construirse sobre bases firmes de justicia y reconciliación, lo cual implica fortalecer y restablecer las relaciones y transformar las instituciones y los sistemas injustos.

Los gobiernos federal, estatales y municipales del país tienen la obligación y compromiso de recuperar el Estado de Derecho lo más pronto posible y castigar a los infractores, sean estos delincuentes comunes o funcionarios corruptos u omisos, pues sin verdadera justicia es fácil volver a delinquir, pero también nos toca a todos como sociedad participar y construir paz. Debemos transitar por los caminos de la sinceridad y la verdad. Sin la identificación de los responsables, sin el conocimiento de lo que realmente ha ocurrido, son imposibles el arrepentimiento y el perdón sinceros. La verdad no cierra los ojos, ni los oídos, ni la boca. Establecer la verdad es una condición básica para la reconciliación”.

Estos señalamientos que por una parte son muy duros, se convierten en un llamado para que las autoridades retomen su protagonismo y recuperen su credibilidad. Cierran su conferencia con una clara convicción: “El país nos necesita a todos. Estamos convencidos que la situación de violencia e inseguridad puede transformarse generando procesos conjuntos, interdisciplinares e interinstitucionales; construyendo relaciones de confianza que irrumpan en capacidades de incidencia y desarrollo de iniciativas locales de paz”.

Viene muy bien este mensaje en el marco del “docenario” (doce días) de oración por la paz, a la que también convocaron los obispos de México, porque “estamos convencidos -dicen los obispos- de que para Dios ´nada es imposible´”. Desde el 30 de noviembre día que en comenzó el “año litúrgico” con el primer domingo de Adviento hasta el 12 de diciembre, “fiesta de la Virgen de Guadalupe”, se está orando por la paz para nuestra Patria. Y ese mismo 12, unidos al Papa Francisco, pidamos la intercesión de la Virgen de Guadalupe para que se logre la conversión de todos los mexicanos, particularmente la conversión de quienes provocan sufrimiento y muerte, y para que todos pongamos lo mejor de nosotros mismos para hacer posible la paz.

Los obispos de México también invitan que en la fiesta de la Virgen de Guadalupe, conscientes de que la Guadalupana camina con nosotros diciéndonos como a San Juan Diego: “No se turbe tu corazón… ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?” nos consagremos a Ella, a nivel personal, familiar o comunitario, ofreciéndole orar a su Hijo Jesús por la paz de manera permanente.

Los obispos de México también nos piden compromiso concreto. Dicen: “Que, con la ayuda divina, nos comprometamos a ser constructores de paz. Esa paz que se funda en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, como enseñaba san Juan XXIII. ¡Sumémonos a los esfuerzos para atender a las víctimas de la violencia! ¡Participemos en los procesos de justicia, reconciliación y búsqueda de paz! ¡Privilegiemos el diálogo constructivo! ¡Trabajemos juntos en favor de un auténtico Estado de Derecho! ¡Formémonos en valores! ¡Ayudemos a los más vulnerables! ¡Reconstruyamos el tejido social!”.

Ojalá todas sus sugerencias no “caigan en saco roto” y los católicos y las personas de buena voluntad seamos esos constructores de la paz que México necesita.