Nueva oportunidad
7 de abril - 2014

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Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

Hay ocasiones en las que vale la pena preguntarse ¿Si tuviera una nueva oportunidad para volver a vivir qué haría de mi vida? Y es que muy a propósito del relato en el que Jesús hace regresar a la vida a su amigo Lázaro me queda el saborcito de preguntarme, y después de salir de la tumba y los abrazos festivos, los días de alegría junto con sus hermanas y hasta con sus amigos, después ¿Cómo fue la vida de Lázaro? ¿Qué le habrá significado volver a la vida?

Para muchas persona seguro que les vendría muy bien una segunda oportunidad y estoy seguro que la aprovecharían. Pienso en gente que decidió mal y echó a perder su vida o la de los demás; en aquellos que comenzaron en la resbaladilla de la vida con cosas erróneas, tal vez pequeñas pero que luego se fueron haciendo grandes y formaron estilos de vida hasta llegar a ser lo que son.

Para Lázaro, el volver a vivir habría sido una bendición para su familia porque se trataba de una familia muy unida, aunque no dice nada la Biblia sobre sus padres pero por el contexto parece que ya sólo vivían los tres hermanos en Betania. Se trataba de una familia con buena posición económica, lo cual se deduce porque recibían en su casa a personalidades de la sociedad judía de Jerusalén y porque en una ocasión María la hermana de Lázaro  lava los pies de Jesús con un perfume muy caro –trescientos denarios sería su costo-  lo que despierta la codicia de Judas. Teniendo en cuenta que un denario correspondía a un sueldo bien pagado de un día, ya puede uno deducir el valor del perfume. Jesús había hecho buena relación con los hermanos de tal manera que se identifica la relación basada en el amor. Tan así, que ante la tumba de Lázaro se pone a llorar.

El retorno a la vida de Lázaro también fue motivo de intriga de parte de los sanedritas que veían en él el signo de la presencia de Jesús y con ello la pérdida de su poder y por esa razón estaban buscando la forma de matarlo.

Para Lázaro y su persona, la experiencia de estar varios días muerto y volver a la vida sin duda se trató de un reencuentro consigo mismo y si de por sí se trataba de una familia de fe, una familia en la que la religión era su fundamento. Ahora, el haber estado muerto y volver a la vida constituía una nueva oportunidad. Oportunidad de corregir caminos, de revisar convicciones, de saberse amado y liberado por Dios.

Lázaro y su experiencia de sepulcro es una realidad moderna de muchos que se han dejado atrapar por las tinieblas de la muerte, si bien no la muerte física si por otras muchas realidades de muerte. Gente que vive muerta en vida porque sus decisiones no han sido las acertadas y viven en esclavitudes, llámese drogadicción, alcoholismo, violencia. O también en formas de vidas que son sufridas. ¿Cuántas familias están viviendo en un infierno? ¿Cuántos pueblos viven presa de sus miedos, angustiados por el clima de violencia que los rodea? ¿Cuántas familias viven en la pobreza extrema y muchas en la miseria material que los ahoga y despersonaliza día a día? Ante situaciones límite bien que vale la pena situarse ante una nueva oportunidad. Dicen que “la oportunidad es calva y hay que pescarla por los pelos”. Refiriéndose con ello a la actitud ante las oportunidades, de hecho pueden ser muy escasas, algunas se presentan una sola vez en la vida y ya no regresan, hay quienes tienen la fortuna de verse ante nuevas oportunidades.

El tiempo que llamamos cuaresma es un tiempo marcado por la oportunidad. Como la de aquel joven de tomando toda la herencia de su padre se va a un país lejano y dilapida todo lo suyo viviendo de una manera disoluta hasta que se queda viviendo en la miseria, y no solo la miseria material de no tener nada, también de la miseria moral pues contra sus principios, se pone a cuidar cerdos, algo que para un buen judío es algo degradante y no sólo eso sino que quería comer del alimento de los puercos pero no dejaban que se lo comiera. En situación límite como esa se pone a pensar: “¿Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra y yo aquí estoy muriéndome de hambre?” en esa  situación toma conciencia y decide darse una nueva oportunidad: “Me levantaré y volveré a mi padre”. Decisiones como esa muestran la capacidad del hombre que si bien puede caer muy bajo, hasta situaciones de degradación, una decisión de retorno lo hace capaz de levantarse. Ese joven, dice el texto bíblico: “se puso en camino”, porque no basta decidirse a salir, es necesario levantarse y ponerse en camino, disponerse a recorrer el camino. Hay gente que solo avisora el ideal de salir, el simple deseo de cambiar, pero no hace nada para lograrlo, es gente que se la pasa añorando lo que tuvo o lo que desea pero que no está dispuesto a hacer nada para lograrlo. Se necesita “ponerse en camino”. Consciente de que el camino presentará muchas y graves dificultades, pero solo quien esté convencido de lo que quiere y mantenga firme la esperanza en que al final podrá arrojarse en brazos del padre que lo recibe, no desmayará ante las dificultades, más bien se crecerá ante el castigo y seguirá adelante con más brío, como el toro que es probado con la puya y en lugar de retroceder por el dolor, arremete con más furia.

Valdría la pena no desaprovechar la oportunidad que nos da la vida para reencontrarnos, para poder volver atrás. Es una oportunidad para perdonar, para pedir perdón, para ofrecer la mano abierta y estrechar la de aquel que nos falló o la de aquel a quien le fallamos. Puede ser que no regrese la oportunidad o que ya no tengamos la oportunidad de recomponer las cosas que hicimos mal, así que más vale no dejar pasar tiempo y tomar esa oportunidad que nos ofrece la vida. Acercándonos a la vivencia de la semana santa, reconozcamos que tenemos esa gran oportunidad y no la dejemos pasar. Con razón Jesús decía: “Si al presentar tu ofrenda te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve a ponerte en paz con tu hermano, y luego vuelve a presentar tu ofrenda”.