Éste es el tiempo favorable
24 de marzo - 2014

20140324-055241.jpg

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

El tiempo siempre ha sido importante para el hombre, desde que aprendió a medirlo, a identificar el día y la noche, las estaciones, el año lunar, el año solar, la división del tiempo en días, en horas, todo esto que duró mucho tiempo, válganme la redundancia, hizo avanzar al hombre en su proceso de socialización.

Junto con la medición del tiempo vino el simbolismo del tiempo, hay días más importantes que otros y muchos de ellos ligados a la religión. En el libro del Éxodo, son muy claras las indicaciones a Moisés sobre el día de la Pascua: “éste será el primero y más importante de los días”. También había días importantes para la renovación personal. El profeta Joel insiste: Aún es tiempo, si vuelven a Dios de todo corazón, con ayunos y con lágrimas, quizá, el Señor tendrá misericordia y nos perdone”. San Pablo también afirma: “este es el tiempo favorable, el tiempo de la salvación”.

La cuaresma que estamos viviendo también aparece como un tiempo favorable para la conversión. El Papa Francisco dice que la conversión: “es la respuesta agradecida al misterio estupendo del amor de Dios”. Deja muy en claro que la idea de cambio o de arrepentimiento no se da por miedo como mucha gente piensa: “hay que cambiar o corregirnos porque Dios nos va a castigar”. La conversión no surge de ninguna otra motivación que no sea la constatación del amor que Dios nos tiene y el dolor de estar fallando a lo que Dios quiere que hagamos.

La cuaresma por eso aparece como un tiempo favorable, además de ser un tiempo para la preparación de la fiesta de la Resurrección, también llamada fiesta de Pascua de Resurrección, es un tiempo que nos permite renovar nuestros compromisos bautismales, el Papa dice que es una oportunidad para vivir a profundidad nuestro bautismo porque no debemos dejar a un lado el recuerdo de que en la Pascua se realizaba el bautismo de los catecúmenos –personas ya adultas que querían ser cristianos, que habían pasado por un tiempo largo de preparación y después de ser aceptados para el bautismo, vivían intensamente la cuaresma como etapa de preparación previa a la recepción del sacramento- .

Para los ya bautizados la cuaresma se convierte en la oportunidad de volver a revivir su propia preparación y con ello los compromisos bautismales. Pero la novedad que incluye el Papa es que nos recuerda que vivir a profundidad el bautismo tiene efectos de comunidad importantísimos: “Vivir en profundidad el Bautismo significa también no acostumbrarnos a las situaciones de degradación y de miseria que encontramos caminando por las calles de nuestras ciudades y de nuestros países. Existe el riesgo de aceptar pasivamente ciertos comportamientos y no asombrarnos ante las tristes realidades que nos rodean. Nos acostumbramos a la violencia, como si fuese una noticia cotidiana descontada; nos acostumbramos a los hermanos y hermanas que duermen en la calle, que no tienen un techo para cobijarse.

Nos acostumbramos a los refugiados en busca de libertad y dignidad, que no son acogidos como se debiera. Nos acostumbramos a vivir en una sociedad que pretende dejar de lado a Dios, donde los padres ya no enseñan a los hijos a rezar ni a santiguarse. Yo os pregunto: vuestros hijos, vuestros niños, ¿saben hacer la señal de la cruz? Pensadlo. Vuestros nietos, ¿saben hacer la señal de la cruz? ¿Se lo habéis enseñado? Pensad y responded en vuestro corazón. ¿Saben rezar el Padrenuestro? ¿Saben rezar a la Virgen con el Ave María? Pensad y respondeos. Este habituarse a comportamientos no cristianos y de comodidad nos narcotiza el corazón”.

Parecen preguntas muy sencillas, de hecho así acostumbra el Papa Francisco, recordemos que cuando se celebraba la fiesta del Bautismo de Jesús preguntaba: “¿Recuerdan la fecha de su bautismo? Levanten la mano quien si la recuerde” y de los presentes ahí, pues muy pocos recordaban una fecha que debiera ser muy importante para el católico, pues se trata de la fecha en que fuimos admitidos a esta fe. Ahora el Papa pregunta si se les ha enseñado a los niños, a los nietos a hacer la señal de la cruz, a rezar el Padre nuestro, el Ave María. En realidad, vivir a profundidad el bautismo es no acostumbrarse a estas cosas que están sucediendo y que estamos viendo.

La cuaresma tiene para nosotros la oferta de conversión que es un cambiar de rumbo y que nos permite mirar a los demás con otros ojos, con otras actitudes, pues viendo el amor que Dios nos tiene no se puede más que antojar el retorno a su regazo, podríamos decir como el hijo pródigo: “¿Cuántos trabajadores en mi casa tienen pan de sobra y yo aquí me estoy muriendo de hambre? Me levantaré y volveré a mi padre”. Dice el Papa: “La Cuaresma llega a nosotros como tiempo providencial para cambiar de rumbo, para recuperar la capacidad de reaccionar ante la realidad del mal que siempre nos desafía. La Cuaresma es para vivirla como tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria mediante el acercamiento a Dios y la adhesión confiada al Evangelio. De este modo nos permite también mirar con ojos nuevos a los hermanos y sus necesidades. Por ello la Cuaresma es un momento favorable para convertirse al amor a Dios y al prójimo; un amor que sepa hacer propia la actitud de gratuidad y de misericordia del Señor, que «se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (cf. 2 Cor 8, 9).

Al meditar los misterios centrales de la fe, la pasión, la cruz y la resurrección de Cristo, nos daremos cuenta de que el don sin medida de la Redención se nos ha dado por iniciativa gratuita de Dios”.

Aún es tiempo, podemos darnos la oportunidad de dedicar un tiempo para nosotros mismos, tiempo para hacer un alto en el camino, para reflexionar sobre lo que estamos haciendo y la forma como estamos viviendo. Si ahí en la intimidad de nuestro corazón resulta que hay algo que nuestra conciencia nos reprocha, que hay algo que no nos permite “ver a los ojos a Dios”, que nos da tristeza, no tengamos miedo: Démonos la oportunidad de abrirnos al encuentro de Jesucristo pues “quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.” Dice el Papa: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso”. “Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores».

¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia”. Éste es el tiempo favorable.