Penas y reinserción
26 de febrero - 2014

Por Mtro. José Antonio Aquiahuatl Sánchez

Agradezco nuevamente el estar en contacto directo con usted, que me está leyendo.

Le comento, que el sistema penitenciario no puede pretender, ni es tampoco su misión hacer buenos a los hombres, pero si puede, en cambio, tratar de conocer cuáles son aquellas carencias y ofrecerle al condenado unos recursos y unos servicios de los que se pueda valer para superarlos.

El nuevo proyecto penitenciario, de la reinserción social pretende que el sentenciado no vuelva a delinquir.
Interesante sera saber cómo lograr que el Estado cumpla dicha disposición o si solo es algo demagógico que no tenga un sustento jurídico, operacional y social, lo anterior resulta de lo que literalmente establece el Artículo 18 Constitucional, en lo que interesa: …El sistema penitenciario se organizará sobre la base del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley….. He aquí el punto clave de lo que implica un sistema de reinserción que de facto se reprueba así mismo, al establecer no una obligación de reinserción, sino solo dejarlo en una procuración, es decir dejarlo a la suerte, a la inventiva, o a consideración de quien o quienes hayan sido sujetos de un encierro en el sistema penitenciario. Por ello la importancia del Principio de normalización social.

En justa coherencia con lo anterior la cárcel debe ser el reflejo de la sociedad libre. La prisión no puede añadir más castigo al condenado que la privación de su libertad ambulatoria. Para asegurar esta normalización social es preciso reforzar unas relaciones fluidas sociedad-prisión. La mejor forma de garantizar que la vida en la prisión se asemeja a la vida en libertad es permitiendo el acceso de la sociedad a través de diferentes instancias dentro de la prisión. La sociedad se debe corresponsabilizar con el daño que se causa a la población penitenciaria convirtiéndose en garante de la evitación de los excesos.

Las anteriores posturas pretenden reflejar el espíritu de la reforma al artículo 18 constitucional. No se puede concebir una reestructura en el ámbito procesal penal sin una revisión de la situación de la prisión. Cualquier logro procesal no puede ser satisfactorio sin un cambio radical en el último eslabón: el castigo penal.

Tal reestructuración debe encaminarse en primer término al respeto ineludible de los derechos humanos del individuo sujeto a un proceso o sentencia penal.

Me despido de Usted, esperando que los comentarios sean de su utilidad, esperamos sus visitas y comentarios en nuestras páginas.

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Docente certificado por evaluación de la secretaría técnica para la implementación del sistema de justicia penal en México.