El estilo de la vida matrimonial
24 de febrero - 2014

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

En el encuentro de miles de parejas que se preparan para el matrimonio, el Papa Francisco quiso celebrar con ellos el día del amor y de la amistad, motivándolos a esforzarse para vivir cada día su amor. No es una tarea fácil reconocen los mismos novios, pues aún con la emoción y lo hermoso de vivir en pareja, es necesario prepararse para ello y hacerlo siempre, es necesario “aprender a amarse”, le decían en una pregunta. Si bien es cierto que al matrimonio se debe llegar con amor y por amor, es claro que no se ha llegado a la plenitud del amor y siendo honestos debemos convencernos que nunca se puede llegar a la plenitud del amor, sino que se puede amar y amar y amar hasta el fin de nuestras vidas y de seguro más allá. Pues el amor no tiene límites, es una donación de día en día y la donación no se agota, se puede amar cada día más independientemente de la edad, del tiempo, de las circunstancias, y más aún en ellas.

Le preguntaban al Papa ¿Si existe “un estilo de vida en pareja, una espiritualidad en lo cotidiano que pudiésemos aprender”? El Papa con la frescura y presteza que lo caracteriza no dudó en contestar: “Vivir juntos en pareja todos los días es un “arte”, un camino paciente, bello y fascinante.

No termina cuando se conquistaron mutuamente. Más aún, es precisamente ahora cuando comienza. Este camino de día con día tiene reglas que se pueden resumir en estas tres palabras: “Pedir permiso” “Gracias” y “Perdón””. Ya estas palabras el Papa las ha repetido frecuentemente a las familias y las coloca como reglas muy sencillas pero claves para poder vivir la experiencia del amor permanente. Luego les ofreció una breve explicación de cada una de estas palabras poniendo ejemplos muy prácticos.

“Pedir permiso” en italiano normalmente expresa respeto ¿posso? (¿Puedo?) y nosotros decimos “con permiso” mientras que en la lengua italiana ¿Permesso? (con permiso) se dice cuando se solicita poder entrar, o poder pasar y se busca no importunar, además se debe esperar a que se otorgue el permiso. El Papa les dijo: “Es la petición respetuosa para poder entrar en la vida del otro y se expresa con mucha atención y respeto. Es necesario aprender a decir: ¿Puedo hacer esto? ¿Te gustaría que hiciéramos de esta manera? ¿Qué iniciemos tal o cual iniciativa…., qué educamos de esta manera a nuestros hijos? ¿Quieres que esta noche salgamos? En fin, pedir permiso significa saber entrar con cortesía en la vida de las demás personas. Pero escuchen con atención: Saber entrar con cortesía en la vida de los demás –nosotros en México le llamamos buena educación-. No es nada fácil, no es fácil, se los repito. Muchas veces se utilizan en la relación formas muy molestas de tratarse como botas de montañista. El amor verdadero no se impone con dureza ni agresividad. El Papa les recuerda que en “las florecillas” de San Francisco de Asís se encuentra la siguiente expresión: debes saber que la buena educación es una de las propiedades de Dios…, y la buena educación es hermana de la caridad, ella apaga el odio y conserva el amor”. Si, dice el Papa, la buena educación conserva el amor. Hoy en nuestras familias, en nuestro mundo, frecuentemente violento y arrogante, se necesita de mucha cortesía –buena educación-. Y por supuesto, ésta debe comenzar en casa.

De la mano del europeo “Permiso” se encuentra entre nosotros el “Por favor” que expresa la cortesía de que las cosas no son obligación sino una atención de la otra persona y en nuestra manifestaciones especialmente machistas continuamente se olvida el por favor y se piden las cosas con el “dame” “pásame” sin tomarse la atención de pedirlas “por favor”, el modo italiano “posso” o “permesso” es una expresión muy cercana a nuestro “por favor” y retrata muy bien el deseo de recibir gentileza y cortesía por parte de la otra persona. Es parte fundamental de las buenas maneras, de aquellas que son claves en la formación de los valores humanos y que en el matrimonio no se debieran olvidar, más aún el paso de los años debiera volver más caballeroso al marido y más gentil a la esposa de tal manera que su trato tuviese más delicadeza al paso de los años y no dejar que se acorriente con tratos vulgares que olviden la lección más importante: “por favor”.

“Gracias”. Es la segunda palabra que explica el Papa y les dice: “Parece una palabra fácil de pronunciar pero todos sabemos que no es así…, sin embargo es importante. Se la enseñamos a los niños, pero luego la olvidamos. La gratitud es un sentimiento importante. Una vez en Buenos Aires una anciana me decía: “La gratitud es una flor que crece en tierra noble”. Es necesaria la nobleza de alma para que crezca esta flor. ¿Recuerdan el Evangelio de San Lucas? Jesús cura a diez enfermos de lepra y solo uno regresa a darle las gracias a Jesús. Jesús le dice: ¿Qué no fueron diez los curados? ¿Dónde están los otros nueve? Esto vale también para nosotros: ¿Sabemos agradecer? En su relación de noviazgo y mañana en la de esposos, es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios y a los dones de Dios se les debe decir gracias. Y con esta actitud interior deben decirse gracias frecuentemente, por cualquier cosa. No es solo una palabra de buena educación para utilizar con extraños. Es necesario saberse decir gracias, para ir adelante en la vida matrimonial”.

La tercera palabra dice el Papa es “Perdón”. El Papa hablándoles fraternalmente, al corazón les dice: “En la vida cometemos muchos errores, muchas equivocaciones, todos los cometemos. ¿Hay aquí alguien que no haya cometido ningún error? Levante la mano si hay alguien que no haya fallado. ¿Una persona que no haya fallado jamás? ¡Todos cometemos errores! ¡Todos! Tal vez no haya un solo día en que no cometamos ningún error. La Biblia dice que el más justo peca siete veces al día. Nosotros desde luego también nos equivocamos. Por todo eso se ve la necesidad de utilizar esta simple palabra: “Perdón”. Generalmente dice el Papa, estamos prontos para acusar al otro y a justificarnos a nosotros mismos. Esto comenzó desde nuestro padre Adán que acusó a Eva de ser la causante de la desobediencia. Acusar al otro en lugar de decir “perdón” es una historia vieja. Es un instinto que se encuentra en el origen de tantos desastres. Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir perdón. “perdóname si te he levantado la voz”; “perdona si pasé sin saludarte”; Perdóname por llegar tarde”; “perdón si esta semana he estado muy callado”; “perdón si he estado habla y habla sin dedicar tiempo para escucharte”; “perdón si se me olvidó tal o cual cosa”; “Perdón estaba muy enojado y me desquité contigo”… Tantos “perdón” nos podemos decir a lo largo del día. También así crece la familia cristiana. Sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido perfecto, ni la esposa perfecta. No hablemos de la suegra, porque tampoco existe la suegra perfecta. Les doy un consejo: No terminar el día sin pedirse perdón por alguna falta que se tenga, sin que la paz retorne a su casa y a su familia. Problemas siempre los hay y siempre hay situaciones de discusión, tal vez hasta vuelen los platos, pero recuerden bien lo que les dije: no terminen su día sin que se pidan perdón, sin que regrese la paz”.

Con estas recomendaciones, el Papa les aseguró que podrán lograr que su matrimonio dure mientras dure si vida. Les contó que cuando llegan ancianos y los saluda, les pregunta: ¿Quién ha aguantado a quién? Y ellos se miran y sonriendo dicen: los dos nos hemos aguantado mutuamente.