Carnaval
19 de febrero - 2014

Mientras en otros lugares, como Veracruz, los festejos han adoptado una identidad diferente con despampanantes bailarinas semi desnudas, carros alegóricos impresionantes y el patrocinio de empresas cerveceras, en Tlaxcala se trata de mostrar una cara diferente, aunque nunca falta el negrito en el arroz

Mr. Tlx

A escasos días de que inicien los festejos del carnaval de Tlaxcala, ruido generó la existencia de una Camada que lleva por nombre “Padrotes”.

Ya mi editor en jefe escribió sobre el nombre que es una apología del delito de la trata de personas con fines de explotación sexual, y algunos de mis corresponsales le han dado seguimiento al tema que se volvió en el negrito del arroz.

Y no quiero insistir en lo desagradable del nombre, más bien en la labor que realizan los organizadores para promocionar nuestro carnaval que es único en el país.

Mientras en otros lugares, como Veracruz, los festejos han adoptado una identidad diferente con despampanantes bailarinas semi desnudas, carros alegóricos impresionantes y el patrocinio de empresas cerveceras, en Tlaxcala se trata de mostrar una cara diferente.

265 camadas provenientes de distintos municipios llegan a la capital del estado para danzar con impresionantes trajes y máscaras que conservan una histórica tradición.

Wikipedia destaca de nuestro carnaval dos características en común. “Primeramente, son satíricas, pues los participantes hacen mofa de las clases altas de distintas etapas históricas del estado: a través de la indumentaria y las máscaras de madera tallada que portan los bailarines, así como en algunas coreografías”.

“En segundo lugar poseen un fuerte carácter religioso, resultado de la mezcla de los pensamientos filosóficos cristiano e indígena náhuatl”.

El de Tlaxcala es un Carnaval aún no contaminado por la comercialización y posee identidad propia desde el siglo XVII, de ahí que cuando una camada como la “Padrotes” defiende a ultranza su nombre al decir que lo ostentan desde el año 1940, les pediríamos revisar la historia y no opacarla con un capricho.

Si de antigüedad hablamos apelamos a la fecha de creación de esta tradición tlaxcalteca.

Y en eso de los caprichos, vaya papel el que de nueva cuenta realizan las nuevas autoridades municipales que no quieren la menor huella de sus antecesores, sobre todo, si se trata de personajes provenientes de distintos partidos.

Ya vemos que se multiplican los casos de los palacios municipales que son cambiados de color, como si eso ayudará en algo al desarrollo de sus comunidades.

Los que eran tricolores, como el de la capital o Zacatelco, son “apitufados”. Los que eran azules pasan al color del partido que ahora gobierna, en fin, las millonadas de dinero público se desvía para hacer visible su nueva identidad.

Sano sería dejar de lado esas nimiedades y enfocarse a pintar –por ejemplo- plazas públicas que lucen en el abandono, rehabilitar parques recreativos secuestrados por malvivientes, o darle mantenimiento al alumbrado público.

Nos leemos la próxima semana