Miedo al para siempre
17 de febrero - 2014

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

El Papa Francisco se reunió el 14 de febrero con un grupo muy grande de parejas que se están preparando para el matrimonio y entabló un diálogo a partir de tres preguntas. La primera fue sobre el amor para siempre, el compromiso a lo permanente. Le preguntaron: “Santidad, muchos piensan que prometerse fidelidad para toda la vida se trata de una empresa demasiado difícil; que el desafío de vivir juntos para siempre es algo muy bello, fascinante, pero demasiado exigente, casi imposible”. Esta pregunta es algo muy presente en la mayoría de los jóvenes de nuestro tiempo.

Hoy los mismos padres de los jóvenes les sugieren: “Júntense y si les va bien ya después se casan por la Iglesia”, los mismos jóvenes hablan de casarse “para un tiempo”, “mientras dure” y si funciona pues bien y si no pues “contentos vinimos y contentos nos fuimos y cada quien por su camino”. La idea del para siempre no aparece en su conciencia e incluso prefieren casarse “por lo civil” porque así si no funciona pues con facilidad “se divorcian” y ya, cada quien sigue su vida.

Es de reconocer que les queda una conciencia de que el matrimonio por la Iglesia es algo sí muy serio y por eso muchos le rehúyen, porque después ya no se pueden separar y conseguir la “nulidad matrimonial es algo difícil”, por lo menos mucho más que por lo civil. Así que ahora es más difícil ver en los muchachos la emoción de llegar ante el altar y en muchos de los que si quieren llegar al altar se tiene una concepción del matrimonio de mucha fantasía y quieren casarse porque lo vieron en la televisión en tal o cual telenovela, o porque en la película “x” vieron la boda, o porque tal artista se casó e incluso por ello buscan una boda tipo “set” de televisión; quieren la playa, la hacienda, el jardín, el lobby de tal o cual hotel y lo que poco les interesa es lo profundo del compromiso, del saber que se trata de un encuentro de un hombre y una mujer que frente a Dios y a la comunidad cristiana se dirán: “Yo…, te acepto a ti…., como mi esposa y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida”. Sabiendo que en ello le va la vida, convencido de que esa decisión ha sido lo mejor de la vida y que se está dispuesto a hacer todo lo posible y hasta lo imposible por mantener este compromiso “Todos los días de mi vida”.

El Papa les decía: “hoy muchas personas tiene miedo a tomar decisiones para siempre. Pero se trata de un miedo general, propio de nuestra cultura. Tomar decisiones para toda la vida parece imposible. Hoy parece que todo cambia rápidamente, que nada es para siempre y por supuesto que esto también les pega a quienes se preparan para el matrimonio y frecuentemente se dicen: ¿Estaremos juntos mientras dura el amor, y luego? Pues nos despedimos y hasta luego…., lamentablemente ahí termina el matrimonio. Pero ¿Qué entendemos por amor?, ¿solo un sentimiento, un estado psicofísico? Si esto es verdad, no se puede construir sobre él nada sólido, pero si el amor es una relación, entonces se trata de una relación que crece y que podemos decir a modo de ejemplo que se trata de construir una casa. Y la casa se construye juntos, en pareja, no la construye uno solo. Estimados novios, ustedes se están preparando para crecer juntos, para construir esta casa, para vivir juntos para siempre.”

Las palabras del Papa Francisco deben llegar no solo a quienes viven la experiencia del noviazgo, también a quienes son parte de ello como los padres, los educadores, los sacerdotes. Todos debemos hablar de las bondades del para siempre y superar los miedos al compromiso permanente. Cuando celebro el rito del matrimonio y los novios tienen padrino de crucifijo aprovecho el momento de poner en las manos de ambos la cruz para decirles a los novios: “Hoy ustedes asumen una nueva cruz, la cruz del matrimonio, llévenla con amor y con alegría. El mejor ejemplo de amor es éste que hoy les entrego, Jesucristo crucificado, él es el mejor ejemplo del amor hasta el final, él nunca se bajó de la cruz, ustedes también permanezcan unidos en el amor hasta el final y en los momentos de dificultad cuando les den ganas de abandonar el matrimonio, dirijan la mirada hacia Cristo y encontrarán en él la motivación para superar las dificultades y seguir hasta el final”.

Y es que efectivamente hoy los jóvenes necesitan ver ejemplos de amor incondicional, de amor para siempre pues en nuestra sociedad moderna los íconos de la juventud son los personajes de televisión, aquellos que hoy se casan con alguien y luego se divorcian para volver a unirse con otra persona y así sucesivamente. Hay quienes llevan en su haber tres, cuatro, cinco o seis matrimonios y con esos ejemplos los muchachos no tienen muchas opciones y menos la emoción de permanecer fieles “hasta que la muerte los separe”. Sumado a esto la experiencia que se enfrenta en el entorno de separaciones sufridas, pues tal como cabeceó este lunes la Jornada: “Los rehenes en los divorcios son los hijos”. Efectivamente son ellos los que sufren las consecuencias de una separación y con ello difícilmente tendrán la formación necesaria y la motivación para asumir un compromiso permanente, más aún, estarán convencidos de que eso es imposible.

La permanencia en el matrimonio es una obra “artesanal”. El Papa gusta mucho de utilizar este término para mostrar que no hay productos terminados, que no hay recetas, que no hay fórmulas, que el vivir juntos, el vivir para siempre solo es posible como una acción que se construye en el día a día y con la participación del hombre y la mujer. “El marido tiene la tarea de hacer cada día más mujer a su esposa y la esposa tiene la tarea de hacer cada día más hombre a su esposo”, afirma el Papa y así cada matrimonio es único, porque está formado por un hombre y una mujer que son únicos e irrepetibles. Conscientes de que no son perfectos dice el Papa: “no existe el esposo perfecto, no existe ni la esposa perfecta y de suegras ni hablar, tampoco existe la suegra perfecta…. Bromea el Papa”.

Ahora, para los esposos cristianos no se debe olvidar que se trata de una verdadera vocación y por tanto de una encomienda de Dios. Por eso: “lo que Dios ha unido que nunca lo separe el hombre”. El rito toma las palabras de Jesús en el Evangelio y sostiene que esta unión natural, se realiza ante el altar de Dios porque se trata de algo sagrado, Tobías le decía a Sara su mujer en la noche de bodas: “tú y yo somos descendientes de santos y no podemos unirnos como si no conociéramos a Dios, y levantándose se pusieron de rodillas y se pusieron a orar”.