Dirigencia maldita
12 de febrero - 2014

La del PRI se ha convertido en la dirigencia estatal maldita, y no es exageración, los nombres de los que han ocupado el puesto se multiplican. A excepción de uno, todos fracasaron como representantes de los tricolores. Ahora, el hombre de confianza del gobernador tendrá en sus manos la posibilidad de concretar el relevo generacional

Por Edgardo Cabrera

La del PRI se ha convertido en la dirigencia estatal maldita, y no es exageración, los nombres de los que han ocupado el puesto se multiplican.

Rosa Isela Sánchez, Noé Rodríguez y Anabell Ávalos son los más recientes, pero la lista de los personajes que han llegado es muy larga, y ninguno ha concluido su periodo (para récord Guinness).

A excepción de uno, todos fracasaron como representantes de los tricolores. Linda Marina Munive es el caso más patético, quiso jugar a la valiente y simultáneamente trató de despachar como alcaldesa de Chiautempan y presidenta tricolor, en ninguno de los puestos dio el ancho.

Le sucedieron varios personajes intrascendentes hasta la llegada de Ubaldo Velasco, el único que puede presumir resultados contundentes ya que a su paso por la dirigencia el PRI ganó la gubernatura, así como la mayoría de alcaldías y diputaciones.

Claro, los resultados fueron gracias al efecto Mariano.

Pero es innegable que Ubaldo se fajó los pantalones para frenar a los inconformes con la candidatura de González Zarur, mantuvo a Lorena Cuéllar dentro y pactó la candidatura de Pedro Pérez en la capital, pese a que fue del grupo que tomó violentamente la presidencia del partido.

Luego siguió Arnulfo Arévalo quien fue incapaz de mantener un PRI competitivo, lo que derivó en su remoción.

La maldición

Reitero, a excepción de Ubaldo, de la lista anterior todos terminaron relegados de la cúpula tricolor y volviéndose administradores –en el mejor de los casos- de oficinas públicas.

Unos migraron debido a que sus expectativas políticas ellos mismos se las cerraron, como Linda Marina.

Los pocos que pudieron competir en un proceso electoral fracasaron: Anabell Ávalos en la senaduría y Noé Rodríguez en la diputación local.

Relevo generacional

Por el panorama anterior, resulta interesante la inminente llegada de Ricardo García Portilla a la dirigencia estatal del tricolor.

El hombre de confianza del gobernador tendrá en sus manos la posibilidad de concretar el relevo generacional de la clase política que ha gobernado Tlaxcala.

Pero además García es la prueba fiel de la sentencia que hizo el mandatario estatal en su tercer informe de gobierno cuando refrendó su lealtad y militancia tricolor.

Dejar una de las secretarías de mayor peso no es una ocurrencia ni aventura personal de Ricardo.

El PRI no querrá perder la gubernatura y va por las diputaciones federales del próximo año, sobre la espalda del ex funcionario estatal recaerá esa responsabilidad, ¡nada fácil!

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