Debemos dar vida
9 de febrero - 2014

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

El 11 de febrero tradicionalmente se celebra en la Iglesia la Jornada Mundial del enfermo. Este año será la número XXII y el tema es muy sugestivo: Fe y Caridad: “También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos”. Y con motivo de la jornada siempre se ha dirigido por parte del Papa desde el Beato Juan Pablo II que la instituyó hasta ahora el Papa Francisco un mensaje a los enfermos y a quienes dedican su vida o parte de ella a su asistencia.

La pastoral de la salud en la Iglesia busca no solo atender a los enfermos sino a todo el mundo de la salud, a lo que implica una cultura de prevención, de asistencia, a formar agentes pastoral para que puedan adquirir el espíritu del buen samaritano y venciendo todas sus resistencias se acerquen al enfermo, lo tomen a su cuidado, y pongan todo lo que está de su parte para que el enfermo se sienta tomado en cuenta como persona, amado de Dios y asistido por la comunidad en la que escucha la Palabra de Dios, celebra los sacramentos y vive.

La Iglesia recuerda a Jesús diciéndole en el capítulo 25 de San Mateo: “estuve enfermo y me visitaste” y con ello sabe que el rostro y la carne de Cristo sufriente es el enfermo. Por eso el Papa Francisco en la canonización de la Madre Lupita que se dedicó a atender enfermos graves decía: “Ella tocó la carne de Cristo sufriente” e invitaba a seguir su ejemplo a todos los cristianos superando los miedos e incluso los ascos que pueda tener la situación de enfermedad. Aún queda en la mente de quienes la vimos, la foto del Papa Francisco besando a un enfermo con rostro deformado, no es fácil imitar ejemplos de esos. Existe una anécdota de la Madre Teresa de Calcuta hoy Beata, donde un periodista enviado por Lady Di, buscaba darle un mensaje y cuando le dijeron que estaba atendiendo a unos enfermos, él pidió permiso para ir a verla; su sorpresa fue mayúscula cuando la vio lavando en cuerpo de un leproso con la carne cayéndose y al terminar la madre le dio un beso. Luego el periodista le dijo: “Madre, lo que acaba usted de hacer, yo no lo haría ni por un millón de dólares”. La madre Teresa le contestó con toda tranquilidad: “Yo tampoco lo haría por un millón de dólares”, y es que en realidad lo que motivaba a la madre Teresa era tocar el cuerpo de Cristo.

Visitar al enfermo no es solo una obra de caridad, es mucho más que eso, es la posibilidad de un encuentro con el Cristo vivo, que postrado por la enfermedad sufre en su cuerpo y asocia sus dolores a los dolores de la pasión, además abre la posibilidad de ingresar al reino de los cielos: “Vengan benditos de mi Padre, Tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo porque estuve enfermo y me atendieron”. Se trata así de la gran inversión del creyente que quiere acceder a la Casa del Padre y en el enfermo ve la posibilidad de obtener su boleto.