Nuestra Constitución Política
3 de febrero - 2014

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

El 5 de febrero se dedicó en el calendario civil a la celebración de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, un documento que terminada la Revolución Mexicana, por lo menos así se declara de modo oficial, 1917 el año de la consumación, aunque en el ámbito político han tomado la Revolución como parte de su bandera señalando que la Revolución “está en marcha” que “aún no ha terminado”, marcó la dirección del Estado moderno.

La Constitución es la expresión de los ideales de una comunidad social, Emmanuel Kant insistía en 1784 en “Idea de una historia universal en sentido cosmopolita” que: “el problema mayor del género humana, a cuya solución le constriñe la Naturaleza, consiste en llegar a una SOCIEDAD CIVIL que administre el derecho en general”. Así enuncia su quinto principio por el cual se mueve –según él- la naturaleza de la sociedad. “la Naturaleza tiene puesto en la humanidad, a saber, el desarrollo de todas sus disposiciones, quiere también la Naturaleza que sea el hombre mismo quien se procure el logro de este fin suyo, como el de todos los fines de su destino; por esta razón, una sociedad en que se encuentre unida la máxima libertad bajo ciertas leyes exteriores con el poder irresistible, es decir, una constitución civil perfectamente justa, constituye la tarea suprema que la Naturaleza ha asignado a la especie humana; porque ella no puede alcanzar el logro de sus otras intenciones con respecto a nuestra especie más que con la solución y cumplimiento de esta tarea”.

México desde que inició su proceso de Independencia ha intentado llegar a tener una Constitución que exprese el marco en el que pueda desarrollar, sus ideales, sus aspiraciones, todos sus derechos y por supuesto todas sus obligaciones. Así lo expresó en “Sentimientos de la Nación” José María Morelos y Pavón, puede leerse en los billetes de 50 pesos: “Que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas quedando todos iguales y solo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud”. Otro de los grandes textos fue La Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1857 que fue una constitución de ideología liberal redactada por el Congreso Constituyente de 1857 durante la presidencia de Ignacio Comonfort. Fue jurada el 5 de febrero de 1857. Estableció las garantías individuales a los ciudadanos mexicanos, la libertad de expresión, la libertad de asamblea, la libertad de portar armas. Reafirmó la abolición de la esclavitud, eliminó la prisión por deudas civiles, las formas de castigo por tormento incluyendo la pena de muerte, las alcabalas y aduanas internas. Prohibió los títulos de nobleza, honores hereditarios y monopolios.

Para la Constitución de 1917, Venustiano Carranza, en su carácter de primer jefe del Ejército Constitucionalista, convocó en diciembre de 1916 al Congreso Constituyente para presentar un proyecto de reformas a la Constitución de 1857. El documento sufrió numerosas modificaciones y adiciones para ajustarse a la nueva realidad social del país. El Congreso Constituyente contó con diputados de todos los estados y territorios del país, con excepción de Campeche y Quintana Roo.

La nueva Constitución incluía una gran parte de los ordenamientos de la de 1857, especialmente lo referente a los derechos humanos, aunque categorizados esta vez como «garantías individuales».

La forma de gobierno siguió siendo republicana, representativa, demócrata y federal; se refrendó la división de poderes en Ejecutivo, Judicial y Legislativo, si bien este último dejó el unicameralismo y adoptó la división en cámaras de Diputados y Senadores. Se ratificó el sistema de elecciones directas y se decretó la no reelección, suprimiendo la vicepresidencia y dando mayor autonomía al Poder Judicial y más soberanía a las entidades federativas. En este marco se creó el municipio libre, y se estableció un ordenamiento agrario en el país relativo a la propiedad de la tierra. Entre otras garantías, la constitución vigente determina la libertad de culto, la enseñanza laica y gratuita y la jornada de trabajo máxima de 8 horas, y reconoce como libertades las de expresión y asociación de los trabajadores. Pese a sus cambios, la nueva Constitución dejó intactos algunos posicionamientos consagrados en la anterior Constitución, algunos de ellos relativos al Poder Judicial. Una vez hechas tales modificaciones, el documento constitucional se promulgó el 5 de febrero de 1917 en el Teatro de la República de la ciudad de Querétaro.

La Constitución no ha permanecido intacta y ha sufrido y sigue sufriendo reformas, desde 1921 con Álvaro Obregón hasta Enrique Peña Nieto todos los presidentes han modificado artículos constitucionales, tratando de adecuarla a los tiempos y a las ideologías.