¿Será?
28 de enero - 2014

aquiahuatl

Por Mtro. José Antonio Aquiahuatl Sánchez*

Agradezco nuevamente el estar en contacto directo con usted, que me está leyendo.

Les comparto este artículo, siguiendo a la anterior colaboración, respecto de la justicia y quien la imparte.

El artículo 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece en su segundo párrafo:

“Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por tribunales que estarán expeditos para impartirlas en los plazos y términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial. Su servicio será gratuito, quedando, en consecuencia, prohibidas las costas judiciales”.

Ante este derecho Constitucional, los agraviados e imputados de un delito, deberíamos exigir que nuestras autoridades judiciales pongan en práctica, el Código de Ética del Poder Judicial de la Federación, cito este Código porque desconozco si exista el propio a nivel estatal, o por lo menos no percibo en la práctica diaria de los órganos y auxiliares judiciales, su aplicación; con sus mínimas excepciones.

Pregunto, cuántos de nosotros que acudimos a un juzgado o tribunal como sociedad, nos sentimos atendidos, escuchados y con respuesta de solución a nuestros conflictos, creo que muy pocos, y de esos atendidos, tal vez porque conozcan a alguien o sean familiar de alguno de estos órganos o auxiliares judiciales, porque la mayoría que acude a los centros de justicia, se sienten burlados, maltratados, ignorados y en ocasiones ofendidos por la simple actitud del funcionario judicial.

Algo que el nuevo sistema de justicia penal, recopila en función de los órganos jurisdiccionales tiene que ver con lo contemplado en el Código de Ética mencionado, en su capítulo IV de los postulados del profesionalismo, esperados por el juez respecto de su relación con los justiciables ejemplos:

“Escucha con atención y respeto los alegatos verbales que le formulen las partes”

“Escuchar y atender con respeto las intervenciones comedidas de las partes, de los abogados y de todos los que requieran ser oídos”

“Es la actitud del juzgador frente a influencias extrañas al derechos, provenientes de sí mismo. Consiste en emitir sus fallos por las razones que el Derecho le suministra, y no por las que se deriven de su modo personal de pensar o sentir. Por tanto el Juzgador; procura actuar con serenidad de ánimo y equilibrio interno, a fin de que sus decisiones estén desprovistas de aprensiones y prejuicios”

Lo anterior, también debe abonar a una actuación judicial mesurada, sin protagonismos, sin sabidurías, sensata, ecuánime y profesional.

Más vale un Juez, secretario, diligenciarlo, actuario u oficial de partes, que se sabe en primer término servidor público, humanista, que no solo maneje el derecho, sino también la relación con los justiciables, desde una perspectiva social, para saber escuchar y poder resolver cada caso especifico puesto a su conocimiento, por ello insisto que las decisiones torales para lograr esta justicia, son desde quien dirige este poder judicial quien deberá ser el mejor exponente en la práctica de estos postulados del Código de Ética del Poder Judicial.