Lindo Michoacán
27 de enero - 2014

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Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

El Estado de Michoacán en lo poco que conozco de él, siempre me ha impresionado. Sus bellezas naturales como el santuario de la mariposa monarca, el lago de Pátzcuaro y los pueblos de sus alrededores, sus balnearios de aguas termales, sus bosques, lagos, sus ciudades y pueblos típicos, su música, sus artesanías, su historia, su belleza colonial, su gastronomía, sus tradiciones, en fin, tendríamos que dedicar muchas páginas a describir a Michoacán y a su gente.

Lamentablemente lo que ocupa grandes espacios a nivel nacional e internacional es la situación de violencia en la que está sumido ese lindo Estado.

Hace pocos años ya se hablaba del creciente número de producción de droga y también de la migración hacia los Estados Unidos y luego la aparición del “Michoacanazo” en tiempos del presidente Calderón y de los bombazos el 15 de septiembre. También comenzó a hablarse de los cárteles de la droga: La familia michoacana, el siglo XXI, la corrupción en el Puerto de Lázaro Cárdenas como puerta de entrada a los precursores y a anfetaminas que venían de la China.

Recientemente la aparición de “Los Caballeros Templarios” y la aplicación de su ley en “Tierra Caliente”  donde cobraban el derecho de paso, el derecho de piso, el derecho de producción , el derecho de comercio, hasta el derecho de vivir en esa zona. Tanto fue el hartazgo de la sociedad y la supuesta “inoperancia” de las autoridades que según muchos provocó el surgimiento de los llamados “Autodefensas”. Así, la presencia en el Estado de policía municipal, estatal y federal, encargados por ley de la seguridad de los pueblos, tuvo que compartir su lugar con gente del crimen organizado representado por zetas, familia michoacana, siglo XXI y recientemente por caballeros templarios, contra quienes la autoridad tenía que combatir. Al no ofrecer seguridad, se dio paso a la aparición de grupos de ciudadanos que se proclamaron “autodefensas” y se arrogaron el derecho de portar y utilizar armas de alto poder y en algunos casos de simples palos y piedras para defenderse del crimen organizado. Su presencia ha sido muy aceptada especialmente por los pueblos que más habían sufrido el acoso de los caballeros templarios.

Mucho se ha cuestionado sobre ¿Quién financia a los autodefensas? ¿Quién les da armas? Y se ha llegado a escribir que son otros grupos rivales de los caballeros templarios quien lo hace. Lo cierto es que con complicidad o permisión del gobierno se permitió el crecimiento de estos grupos ciudadanos armados aun cuando su existencia va contra lo que dice la ley mexicana.

Con el cambio de estrategia del presidente Peña Nieto, llegaron a tierra caliente las fuerzas federales que de por sí ya estaban, pero ahora con la orden de restablecer la paz y un primer paso es desarmar a las autodefensas. Esto ha provocado reacciones de los mismos grupos que piden que primero detengan a los cabecillas de los caballeros templarios y que los desarmen para que ellos puedan sentirse tranquilos y así regresar a sus casas, a las labores a las que siempre se han dedicado; pero que mientras no se haga lo que piden, ellos no entregarían las armas: “mejor de una vez mátennos” gritaban grupos de autodefensa, porque según ellos sería como dejarlos listos para que los criminales los ejecuten.

El presidente mandó a un comisionado para la paz, pero le aumentó el desarrollo del Estado y el mismo gobernador Fausto Vallejo se trasladó a la región de Apatzingán para despachar desde allí y buscar la coordinación con las fuerzas federales. Se trajeron de esa zona a policías a Tlaxcala para evaluarlos. Llegó también la Secretaria de Desarrollo Social para promover el desarrollo del Estado. Sin embargo, las cosas siguen candentes.

La Iglesia Católica tiene presencia en esa zona pues Apatzingán es precisamente una Diócesis y su obispo Don Miguel Patiño ha expresado preocupación y ha criticado acciones de gobierno que según él no están ayudando a parar a esa “maquina asesina” así le llamó él. En su carta pastoral del 15 de enero dice: “Los hechos recientes, de este nuevo año 2014, han llenado de indignación a nuestro pueblo al cerciorarse de que ni los políticos ni el gobierno dan muestras de querer solucionar el problema de Tierra Caliente. En lugar de buscar a los criminales que dañan a la comunidad, el ejército mexicano, por órdenes superiores, fue a desarmar a las autodefensas de Nueva Italia y Antúnez agrediendo a la gente indefensa con el resultado de tres hombres muertos. La situación se les salió de control y al verse rodeados por la población comenzaron a disparar, primero al aire y después a las personas.

Las palabras distan mucho de los hechos. Apatzingán está desde el viernes pasado hundida en el miedo y la zozobra. La quema de carros, negocios y hasta la presidencia municipal por parte del crimen organizado, que actuaron impunemente, mientras dos batallones de soldados estaban acuartelados. En la autopista  Apatzingán – Nueva Italia, los enviados del crimen organizado quemaron autobuses, tráileres y camiones de carga sin que los federales ni los militares lo impidieran.

El crimen organizado sigue obligando a la gente a asistir a sus manifestaciones, sus líderes están plenamente identificados y no hay autoridad que los pare”. De manera tajante el obispo afirma: “El pueblo está exigiendo al gobierno que primero agarren y desarmen al crimen organizado. El ejército y el gobierno han caído en el descrédito porque en lugar de perseguir a los criminales han agredido a las personas que se defienden de ellos. ¿No han comprendido que nos encontramos en un “Estado de necesidad”?”

El Consejo Permanente del Episcopado Mexicano se reunió y el 21 de enero y expresaron su sentir solidario con la gente de Michoacán afirmando: “Hemos hecho nuestro el dolor que experimentan quienes son víctimas de la violencia, en distintas zonas de nuestro país, particularmente en Michoacán. También hemos reconocido la cercanía y solidaridad de los obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos de aquella región con quienes sufren, así como los grandes y valientes esfuerzos que están haciendo para contribuir a la pacificación del lugar.

Los Obispos de México hacemos nuestro lo expresado por Mons. Miguel Patiño Velázquez, Obispo de Apatzingán, quien en su Carta Pastoral del pasado 15 de enero, con honestidad y valentía, ha señalado que “la gente espera una acción más eficaz del Estado en contra de los que están provocando este caos”, y ha pedido “a los políticos, al gobierno y al Secretario de Gobernación” que “den a los pueblos de nuestra región signos claros de que en realidad quieren parar a la máquina que asesina”.

Urgimos a las autoridades a un trabajo coordinado que resuelva de manera integral e incluyente el drama de la violencia que aqueja a tantas personas y familias, a fin de que los ciudadanos puedan vivir en paz, como es su derecho”. Estoy seguro que todos los mexicanos estamos solidarios con el sentir de nuestros pastores y con la situación del lindo Michoacán.