La unidad de los cristianos
20 de enero - 2014

ranulforojascolumna23

Por Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

Desde aquella súplica de Jesús ante el Padre: “que sean uno como tú y yo somos uno”, la unidad de los cristianos ha sido unos de los grandes anhelos aunque siendo sinceros, los esfuerzos de unidad han sido más fuertes a partir del Concilio Vaticano II celebrado de los años 1962 a 1965 y que dedicó un decreto a dicha tarea de la Iglesia llamada “Ecumenismo” de oikia en griego que significa casa y mene que significa plena y completa. Así que el ecumenismo se refiere a los esfuerzos de las iglesias para que la casa o pueblo de Dios esté completa. Según el decreto “unitatis redintegratio”: “Por «movimiento ecuménico» se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos”.

Desde hace unas décadas se tomó la decisión celebrar un octavario para pedir por la unidad de los cristianos, mismo que comienza el 18 de enero y termina el 25 del mismo, con la fiesta de la conversión de San Pablo. El decreto llamado “unitatis redintegratio” –el nombre de los documentos en la Iglesia se toman de las primeras palabras del texto latino-, comienza así: “Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo”. La división que comenta el decreto, efectivamente ha sido escándalo en todos los tiempos y aun cuando se intenta vivir la unidad de la Iglesia, siempre ha habido personas o grupos que han profesado doctrinas contrarias a la ortodoxia de la Iglesia y se han separado de la misma, provocando rupturas dolorosas. Así pasó con las primeras herejías de los siglos primero al cuarto y luego con las grandes separaciones como lo fueron el llamado cisma de oriente en el 1054 y la llamada Reforma Protestante del siglo XVI y la ruptura de la Iglesia Anglicana con Enrique VIII en el mismo siglo XVI, todas ellas han marcado honda huella en la Iglesia por todos sus efectos y sobre todo porque no fueron rupturas doctrinales solamente sino que tuvieron efectos sociales importantes y provocaron divisiones y hasta guerras.

En Japón, por citar una experiencia, los inicios de la evangelización fueron halagüeños pero al confrontarse los cristianos católicos y los protestantes provocaron la molestia de los gobernantes y ordenaron la expulsión de ambos grupos con el mensaje de: “primero pónganse de acuerdo ustedes y luego vienen”. En otros lugares también se ha provocado escándalo y división.

En México la llegada de misioneros americanos ha sido abrumadora, grupos cristianos como Testigos de Jehová, Mormones, Bautistas, Adventistas, Pentecostales, Episcopalianos, y muchos otros, hasta los modernos Cristianos y las llamadas Iglesias de línea empresarial como la Iglesia de Moon, o la Luz del Mundo o los “pare de sufrir”, todos ellos con un proselitismo agresivo han ido captando creyentes que a veces decepcionados de la Iglesia Católica o por conflictos con algún sacerdote, o por falta de atención, o porque en un momento de dificultad le fue ofrecido un apoyo económico, o por ignorancia de su fe, o simplemente por encontrarse a gusto en un grupo religioso, se han alejado de la Iglesia Católica.

Lo lamentable es que dichos grupos trabajan con una promoción en muchos casos basados en el  ataque a la Iglesia Católica y esto hace imposible establecer canales de diálogo, clave para el proceso de ecumenismo, pues sin diálogo y sin respeto a las propias creencias, el ecumenismo o la búsqueda de unidad queda en sueños.

El Papa Francisco al referirse al ecumenismo en su documento “el Evangelio de la alegría” dice: “Dada la gravedad del antitestimonio de la división entre cristianos, particularmente en Asia y en África, la búsqueda de caminos de unidad se vuelve urgente. Los misioneros en esos continentes mencionan reiteradamente las críticas, quejas y burlas que reciben debido al escándalo de los cristianos divididos. Si nos concentramos en las convicciones que nos unen y recordamos el principio de la jerarquía de verdades, podremos caminar decididamente hacia expresiones comunes de anuncio, de servicio y de testimonio. La inmensa multitud que no ha acogido el anuncio de Jesucristo no puede dejarnos indiferentes. Por lo tanto, el empeño por una unidad que facilite la acogida de Jesucristo deja de ser mera diplomacia o cumplimiento forzado, para convertirse en un camino ineludible de la evangelización. Los signos de división entre los cristianos en países que ya están destrozados por la violencia agregan más motivos de conflicto por parte de quienes deberíamos ser un atractivo fermento de paz. ¡Son tantas y tan valiosas las cosas que nos unen! Y si realmente creemos en la libre y generosa acción del Espíritu, ¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros! No se trata sólo de recibir información sobre los demás para conocerlos mejor, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros. Sólo para dar un ejemplo, en el diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender algo más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad. A través de un intercambio de dones, el Espíritu puede llevarnos cada vez más a la verdad y al bien”.

El Papa insiste en la importancia de superar las divisiones: “La credibilidad del anuncio cristiano sería mucho mayor si los cristianos superaran sus divisiones y la Iglesia realizara «la plenitud de catolicidad que le es propia, en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el Bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión». Tenemos que recordar siempre que somos peregrinos, y peregrinamos juntos. Para eso hay que confiar el corazón al compañero de camino sin recelos, sin desconfianzas, y mirar ante todo lo que buscamos: la paz en el rostro del único Dios. Confiarse al otro es algo artesanal, la paz es artesanal”. La unidad de los cristianos no se logra intentando que los no católicos crean en lo que nosotros creemos ni cediendo a dejar de creer en lo que nosotros los católicos creemos solo por la idea de unidad. El Papa Francisco insiste en que es necesario aprender unos de otros y para eso se necesita el diálogo mediante el cual podamos conocernos y así trabajar por la unidad de los cristianos.