Mirada social
13 de enero - 2014

ranulforojascolumna23

P. Ranulfo Rojas Bretón

En su mensaje de año nuevo el Obispo de Tlaxcala Don Francisco Moreno Barrón, insiste en que hay asuntos de nuestra realidad social que deben ser tomados muy en cuenta durante el presente año: “Es tiempo de olvidarse de contiendas, de los triunfos o derrotas y de colores partidistas, para concentrarse en el bien común de los tlaxcaltecas.

Los nuevos presidentes y legisladores han de privilegiar la transparencia y rendición de cuentas, no esperar a que el ciudadano solicite acceso a la información, actuar con responsabilidad y abrir la información para que la gente sepa con claridad cómo se administra el presupuesto y cómo se gastan los recursos; de tal manera que poner la información al alcance de la ciudadanía, sea parte de la misma administración. Verdad y servicio, calidad y calidez, son valores que necesita proyectar esta nueva administración; los ciudadanos ya no pueden ver frustradas las esperanzas que anidan en su corazón y sus autoridades deben ser capaces de mirarles de frente, sin agachar la cabeza por no haber cumplido con el deber que públicamente protestaron.

Será necesario que, con madurez política, todos nos sumemos a las iniciativas y proyectos de las nuevas autoridades, especialmente aquellos candidatos que no resultaron favorecidos con el voto de la ciudadanía. Privilegiemos la unidad antes que nuestros puntos de vista o intereses personales o de grupo, para fortalecer la comunidad humana en que vivimos.

Tlaxcala enfrenta fenómenos especiales que marcan su vida social. Uno de ellos es la trata de personas para la prostitución, especialmente de la mujer, que atenta gravemente contra su dignidad y sus derechos humanos, tratándola como objeto sexual o mercancía comercial. Es una realidad lacerante que ha puesto al Estado a los ojos del mundo y, aunque se señala una sola comunidad, todos sabemos que es un hecho presente en varias comunidades de nuestra Diócesis.

Es un estigma que debemos erradicar con la colaboración de todos. La Iglesia, a través de la pastoral social, ha promovido la toma de conciencia de este grave problema y se ha comprometido en la sensibilización y prevención por medio de campañas, pues “el verdadero amor no explota y los hombres no nacimos para consumir el cuerpo de las mujeres”. Sin embargo, se necesita la acción efectiva de las autoridades a distintos niveles, una participación más evangélica de la Iglesia y el compromiso de toda la sociedad, especialmente la sociedad organizada, para dar signos claros de esperanza a tanta gente que sufre en carne propia y calladamente esta problemática que mina la vida de nuestra sociedad. Unido al Papa Francisco, pido a Dios “que toque el corazón de cuantos están involucrados en la trata de seres humanos, para que se den cuenta de la gravedad de este delito contra la humanidad”.

Otro fenómeno presente es la migración, tanto de los centro y sudamericanos, como de los tlaxcaltecas que, orillados por la crisis económica que vive nuestro país, se van a los Estados Unidos. Según algunas estadísticas, la migración alcanza ya el 10% de la población tlaxcalteca, pues más de 100 mil paisanos nuestros se encuentran buscando una mejor situación para sus familias, tanto en Estados Unidos como en Canadá, y la mayoría de ellos son indocumentados que viven con muchos riesgos y limitaciones. Todo esto, está provocando efectos que necesitamos atender pastoral y socialmente: familias fragmentadas y desintegradas, con problemáticas muy diversas y complejas. Tampoco debemos cerrar los ojos a la realidad de tantos hermanos latinoamericanos que se ven en la necesidad de cruzar nuestro país intentando llegar a los Estados Unidos y que, a su paso por Tlaxcala, nos reclaman seguridad, alimento, vestido y sobre todo un trato digno. Algún día y llenos de asombro, escucharemos la voz del Señor Jesús, diciéndonos: “era forastero y me hospedaste” (cfr. Mt 25, 35), porque nos pide que descubramos su rostro en los más pobres y desvalidos.

Otro fenómeno que se está presentando en nuestra Diócesis es el incremento en el tráfico y consumo de la droga. No hay población, por pequeña que sea, que no sufra ya por estas realidades que afectan desde niños hasta adultos.

Aunque somos uno de los Estados más seguros en la República Mexicana, sin embargo, poco a poco, ha ido creciendo la violencia, manifestada en asaltos, robos, secuestros, violaciones, ejecutados, etc. Los medios de comunicación impresos y digitales, la radio y la televisión están dando testimonio de estos acontecimientos, ante los cuales, no sólo no debemos cerrar los ojos, sino que tenemos que responder con un compromiso solidario. Puesto que todos nos vemos afectados, todos tenemos la responsabilidad de reprobar y combatir tal escenario de violencia”.