Cierres de campaña
30 de junio - 2013

ranulfo_rojasP. Ranulfo Rojas Bretón

Las campañas están llegando a su fin y como es tradicional ya se están realizando los famosos cierres de campaña. Eventos diseñados para “enseñar el músculo” como se dice en el argot político; para mostrar qué tan fuerte es un candidato; para dar confianza a los seguidores; para meter el miedo a los contrarios. Los cierres de campaña tienen varias finalidades y marcan el cierre de un trabajo que ha llevado a los candidatos a tocar puertas, a visitar familias, a reunirse con grupos, a dialogar con las personalidades más significativas de la comunidad.

Ya imagino cuántas veces habrán repetido el mismo discurso, estrechado tantas manos, mostrar su sonrisa, aguantar críticas, tomar poses no propias, en fin, todo lo que hace un candidato pero “el reino bien vale una misa”, ahora viene el cierre.

Para los votantes, los cierres son la oportunidad para ir a escuchar música, recibir algún bocadillo, alguna bebida, una playerita, o regalos de más costo, dependiendo la capacidad económica del candidato o del grupo. Y la gente irá a los cierres que más pueda. Ciertamente habrá el grupo de los comprometidos, de aquellos seguidores fieles que están con un candidato y que gritarán de alegría el triunfo pero que igual llorarán la derrota. Esos seguidores fieles, en las buenas y en las malas que apoyaron aspiraciones y que igual tuvieron que emigrar a otro partido siguiendo a su candidato si el caso lo ameritó. Esos seguidores que estaban “al pie del cañón” esperando indicaciones, poniéndose la playera y trabajar “por puro amor al deporte”. Esos vivirán horas de angustia mientras llegan los resultados. Pero están también los ocasionales, aquellos que gritarán las porras y se pondrán la playera que les den y recibirán los regalos y esperarán para comparar qué candidato da mejores cosas que los otros y ahí en su casa igual tendrán la jarra de un partido,  el tortillero de otro, los vasos de otros, la gorra de otro, la playera de uno más sin pudor porque estarán obedeciendo la máxima colectiva de: “Tú recibe todo lo que te den” al fin, según justificarán “Es dinero de nosotros mismos” o dirán “luego ellos se lo tranzarán”. O incluso serán fieles a su lógica de “tú recibe todo lo que te den y vota por quien quieras”, además “el voto es secreto y nadie sabe por quién vota uno”, así que a todos los candidatos diles que sí, total, ninguno verá por quien votas.

Yo creo que tampoco el candidato es tan ingenuo como para creer que todos los que le dijeron que sí, votarán por él,  ni que todos los que están en el cierre serán sus votantes. Tal vez como yo digo “es parte del show” y todos realizan la parte que les toca. El candidato es consciente de que su cierre es oportunidad mediática y la debe aprovechar para hablar bien de sí mismo y decirle a los que asistan que va a ganar y que hay encuestas que lo ponen puntos arriba. Que el domingo desde temprano vayan a las urnas y lleven a sus familiares, que todos se conviertan en promotores y que en la noche del domingo estarán festejando el triunfo nuevamente.

Así, el cierre de campaña se convierte en la fiesta anticipada en la que el candidato se sentirá apapachado y la gente mostrará felicidad teniendo para sí, música, alimentos y alguno que otro regalito. Los partidos, los colores, los discursos, serán lo menos importante de este rito de campaña y los aguantarán estoicamente esperando como niños un dulce y un juguete. Ojalá y al final lo menos que haga la gente que participe en esos cierres sea ir el domingo a votar, eso sí será importante.