¿Poder o política?
5 de febrero - 2013

Urge un cambio de rumbo, un cambio de visión, el rompimiento de los paradigmas, necesitamos un México y un Tlaxcala sin nombres pero con hombres que en la clandestinidad y de manera diaria con su actuar respetuoso y responsable construyan una nueva nación

Fernando Tamayo

Ahora que estamos en plena efervescencia electoral, donde lo único que importa es el acceso al poder por el poder mismo y donde la estrategia de los partidos, tanto a nivel nacional como a nivel local, es llevar al terreno del marketing y la demagogia todo aquello que les permita obtener más votos para desprestigiar a sus contrarios. Nuestro país, y en particular nuestro Estado, vive una verdadera crisis en su estructura social que hace pensar que durante años lo único que hemos hecho es repetir los paradigmas que han caracterizado la falta de desarrollo local. Esos paradigmas a los cuales el sistema ha logrado mantener como si se tratara de un status quo del cual todos buscan separarse pero a la vez hacen lo imposible para mantenerlo, cambiando simplemente los medios para llegar al mismo fin.

Hoy más que otros años, más que otros momentos como sociedad debemos definirnos, debemos tomar forma y rumbo, no sólo en cuanto a cambio de colores de un gobierno a otro.  Es necesario romper con las cadenas del continuismo, de aquello que se ha vuelto perenne y que vive entre nosotros, de aquello que ha impedido la evolución hacia un Estado más fuerte, hacia una nación y un la Entidad más solida, mejor labrada, de la cual no solamente nos aprovechemos, sino que nos sintamos orgullosos y plenos por ser mexicanos y tlaxcaltecas.

En este 2013, año en el que renovamos al Congreso del Estado, los Ayuntamientos y las Presidencias de Comunidad no podemos tolerar que las mismas prácticas, los mismos actores, y la misma clase  -aquella  que por mucho tiempo se ha servido del hombre que trabaja, del joven que anhela, del adulto que recuerda, de todos y cada uno de los mexicanos cuyo único objetivo es el brindar lo mejor a sus familias- continúen desarrollándose en torno a la política. Es necesario encontrar un nuevo discurso, un nuevo a priori histórico como lo llamaría Michel Focault, una nueva base ideológica que permita hacer de la política no una herramienta para servirse del poder sino un mecanismo a través del cual se puede dar respuesta efectiva a las necesidades colectivas y hacer una sociedad mucho más armoniosa.

El discurso retórico del reformismo no es más que la salida fácil de una clase inoperante. El cambio de las normas fundamentado en palabras elocuentes y que exaltan la esperanza de la población, es un acto que en sí mismo es macabro. ¿Por qué y para qué reformar lo irreformable? ¿De qué nos sirve la modificación de la ley? ¿Qué necesidad tenemos de cambiar las normas en forma contraria a los beneficios colectivos?

Y es que después de varios años de alternancia política debíamos tener claro que el sistema mexicano, ese que mantiene ese status quo, simplemente no tiene modificación y carece de ella porque no podemos reformar la ley en el sentido de que como país cumplamos lo establecido en las normas.

¿De qué sirven tantas modificaciones a la constitución si se ha convertido tan sólo en un catálogo de buenas intenciones? ¿Para qué una reforma política, económica, fiscal, laboral y educativa si al final del día lo establecido en ellas no es más que letra muerta?

Lo anterior me hace recordar a Ferdinand Lasalle y su obra maestra, ¿Qué es una constitución? ¿Cuál es la raíz del cumplimiento de la norma? Simplemente la costumbre, la llamada hegemonía cultural, misma que en México radica en hacer hasta lo imposible para no cumplir la ley.

Y peor aún, en estos nuevos tiempos de democracia local y la reforma a las normas se realiza por encima del propio mecanismo legal que permite reformarlas. Como estadistas debemos entender que un Estado moderno no puede ser autoritario pues todo ente que se desprende del mismo está obligado a cumplir y hacer cumplir la ley. El Estado es el que crea la norma pero a su vez, es la misma norma la que regula al Estado. Cualquier otra cosa contraria no puede ser considerada como un acto de gobierno sino por el contrario de simple imposición.

Urge un cambio de rumbo, un cambio de visión, el rompimiento de los paradigmas, necesitamos un México y un Tlaxcala sin nombres pero con hombres que en la clandestinidad y de manera diaria con su actuar respetuoso y responsable construyan una nueva nación, un país distinto, un Tlaxcala diferente. Al tiempo.

Desde la barrera

Ha comenzado formalmente el proceso electoral del 2013, mismo que requiere certeza y seguridad respecto a las instituciones garantes del funcionamiento del sistema democrático local. En este sentido esperemos por el bien de todos los tlaxcaltecas los integrantes del IET pronto encuentren las convergencias necesarias que les permitan asegurar que la contienda electoral se desarrollará en los términos establecidos por la ley.

www.miradasdetalante.blogspot.com
fernandotmy@gmail.com
twitter.com/fernandotmy