El Sabor de Mirar: Sabina Rivas
3 de febrero - 2013

P. Ranulfo Rojas Bretón

Salir de la sala de cine después de haber visto la vida breve y precoz de Sabina Rivas, deja un saborcito nada grato y es que sin querer uno evoca realidades que quisiera fueran ficticias pero que en el consciente colectivo sabemos parte de una cruda realidad. ¿Qué tan cruda? Es tal vez lo que se queda así en penumbra pero de que algo es real sin duda.

La situación se presenta ahí en la frontera sur aquella de la cual poco se sabe, donde el río Suchiate marca la separación entre México y Guatemala, de aquella que parece a años luz de la modernidad, donde aún se pasa sobre cámaras de llanta impulsadas por pangueros con pértigas que impulsan aquellas improvisadas balsas que van de lado a lado llevando a gente pobre que hacen sus compras en ambos lados de la frontera de dos ambientes muy similares. No se trata de la frontera norte donde el río Bravo marca el acceso a dos mundos, el primer mundo Estados Unidos y el tercer mundo México, donde cada cual es tan diferente en cultura, en desarrollo, en lengua; donde unos y otros son totalmente diferentes. Ahí en la frontera sur, solo el río divide pero no marca diferencia, ahí es igual en ambas márgenes hay pobreza, desigualdad, abusos y los mismos vicios.

Ahí Sabina Rivas adolescente Hondureña llega con el sueño americano, el de triunfar y ocupar las marquesinas de lugares de espectáculo de los Estados Unidos, huyendo de sus realidades como el hambre, padres alcohólicos y una situación de pobreza como la de la mayoría de migrantes, como los que circulan en nuestras calles pidiéndonos alguna moneda o algo de comer. Que también huyen de sus realidades y van en busca de un sueño que poco a poco se convierte en pesadilla.

Sabina Rivas atrapada en las redes de la prostitución, igual que muchas adolescentes que no encuentran los medios para salir de sus condiciones y que terminan siendo prostituidas sin esperanzas y solo albergando sueños de por sí irrealizables. Ni siquiera violentadas pues la realidad que viven de por sí ya las violenta para que busquen cobijo en casuchas que las protegen con la condición de que ligadas a una matrona obedezcan lo que se les manda.

La participación del ejército, la colaboración de la policía de migración, la presencia estadounidense y lo que es la mara salvatrucha en toda esa zona, como red de araña que atrapa y enreda en el narcotráfico, en la trata de personas para la prostitución y en la práctica violenta que roba, mata, intimida y viola derechos fundamentales. Qué tan real sea la participación de todos estos actores, ¿Quién sabe? Pero si el río suena, agua lleva. Todo se convierte en el caldo de cultivo de violencia, violación y desgracia que sufre mucha gente. Sumado a esto, la ignorancia, la pobreza, la marginación y el abuso de las autoridades hacen que la vida precoz y breve de Sabina Rivas lo sea tan breve y nada precoz que angustia. Sin duda se trata de una llamada a la conciencia para no dejar de ver lo que pasa en la frontera norte pero que no olvidemos la frontera sur que hasta el momento si parece olvidada por todos.