Corregir el camino
23 de diciembre - 2012

Por Lorena Cuéllar

Los migrantes mexicanos que han tenido que abandonar nuestro país, representan la historia de un México trabajador que ha sido ignorado y marginado, y donde la migración representa la última, y a veces la única opción.

Tenemos con ellos deudas pendientes.

Hace más de 20 años la migración era un fenómeno del que todo mundo empezaba hablar, y hoy es una realidad que a todos nos impacta porque las cifras son reveladoras: más de 30 millones de mexicanos tienen un familiar directo en los Estados Unidos.

México ha atravesado más crisis económicas que nunca en su historia. La sistemática pérdida de empleos y de capacidad financiera de las familias mexicanas, ha dejado como saldo, entre otros, la migración forzada de más de 11 millones de mexicanos a los Estados Unidos, cambiando, para siempre, el rostro de nuestro país.

Aun más, estas crisis causadas por políticas económicas equivocadas e impuestas desde el exterior, tienen a millones de familias mexicanas divididas y han roto el tejido social de nuestro país, como producto de la migración forzada.

Al mismo tiempo, nuestro país es hoy un país donde las familias de migrantes han sacado adelante a municipios y regiones con su propio esfuerzo, sin ningún apoyo gubernamental y a pesar del profundo drama social que implica su realidad familiar.

Son realidades que nos lastiman, pero que no son reconocidas ni por las instituciones, ni por las leyes, y la migración es aún castigada y pone en riesgo la vida de cientos de miles de mexicanos cada año.

La falta de reconocimiento institucional de la migración mexicana, y eso no lo podemos negar, hace que lo que es una posibilidad de desarrollo sea hoy un castigo para los millones de familias que tienen un familiar en los Estados Unidos.

Pero esa posición gubernamental ha cumplido su ciclo y hoy es fundamental la construcción de políticas públicas transversales e incluyentes que permitan hacer de la migración una opción y no una necesidad. La exigencia es de carácter urgente, no podemos hablar de migración, solamente cuando nos ocupamos que tienen un día para recordarlos.

Tenemos que hacer un real compromiso por escuchar las voces de quienes han sido víctimas de la migración por necesidad. Hace unos días me reuní con integrantes de la Asamblea Popular de Familias de Migrantes, y la petición generalizada es de que nos debemos ocupar en desde el Senado de la República de impulsar una Ley para las familias de migrantes y sus comunidades que asegure el pleno respeto a sus Derechos Económicos, Políticos, Sociales y culturales; que asegure condiciones adecuadas para ejercer el derecho a no migrar y que ponga a la unidad familiar en el centro de la legislación.

Y el proceso que debemos atender, es ya no aplazar reuniones de trabajo con los Migrantes organizados y que juntos desarrollemos el corazón de iniciativas de ley que respondan a sus exigencias.

También debemos ser coadyuvantes y gestores para que los migrantes mantengan acercamientos con el gobierno federal y con autoridades locales, para apoyar la respuesta a sus problemas y demandas.

Recordemos además, que el asunto migratorio se ha visto agravado por la violencia y el crimen organizado, ya que los migrantes son víctimas de racismo, discriminación, xenofobia, intolerancia y de violación a sus derechos humanos. Centenares de migrantes han sido víctimas de la delincuencia y extorsionado por autoridades del Instituto de Migración y por representantes de la Compañía Ferrocarriles del Sur (Ferro Sur).

Por otro lado, un caso lamentable, sucede en mi entidad federativa; desde que la Ley Estatal de Protección a Migrantes fue publicada en enero de 2011, según datos de la Dirección de Atención Migrantes y la Coordinación Nacional de Oficinas de Atención a Migrantes, más de 20 tlaxcaltecas habrían fallecido por diversas causas en los Estados Unidos, sin embargo, el Ejecutivo estatal se ha negado a publicar su respectivo reglamento.

Hasta que no existan registros y acompañamientos claros, no sabremos las verdaderas circunstancias que estos fallecieron y el grado de responsabilidad de terceros, tales como empresas, negligencia médica o gubernamental.

En nuestro país existen millones de historias alrededor del fenómeno de la migración, historias de esperanza por la defensa de sus Derechos Humanos.

Millones de razones para luchar por condiciones legales para la movilidad humana. Por cada una de ellas, vayamos adelante y enserio, por un México que reconozca la gran contribución de los migrantes y sus familias a la riqueza de este país.

Ya no bastan buenas intenciones, necesitamos corregir el camino; ellos necesitan de sus representantes y de sus autoridades. No podemos seguir fallándoles.

SENADORA POR EL ESTADO DE TLAXCALA

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