Sami de las estrellas
6 de diciembre - 2012

Entre sus manos y oídos han pasado una infinidad de secretos, indiscreciones, picardías, y una que otra confesión de amor o de pasión. A su negocio lo mismo llegan priístas que panistas o izquierdosas, bueno hasta periodistas

Mr. Tlx

Entre la clase política femenil crece la simpatía por un personaje que poco a poco se ha ganado su confianza debido a que conoce sus más profundos secretos, esos que se guardan bajo llave y candado para impedir que quienes las rodean se enteren de su verdadero yo.

Entre sus manos y oídos han pasado una infinidad de secretos, indiscreciones, picardías, y una que otra confesión de amor o de pasión.

Lo conocen como Sami y tiene una estética en Chiautempan la cual se ha convertido en el punto de encuentro de políticas y esposas de políticos y funcionarios de diferentes expresiones. A su negocio lo mismo llegan priístas que panistas o izquierdosas, bueno hasta periodistas nutren su cartera de clientas.

Tan eficiente es su labor que en días trascendentales como la toma de protesta de Mariano González Zarur, o sus informes, han estado a punto de liarse a golpes las mujeres con tal de ser las primeras en la lista de citas del estilista de la política.

Entre sus clientas frecuentes están la senadora perredista Lorena Cuéllar Cisneros y la diputada local panista Mildred Murbartián Aguilar; también ha peinado a la ex candidata a la gubernatura y hoy legisladora federal Adriana Dávila.

En su cartera también está la diputada federal Leonor Romero, a quien, bueno, milagros no se pueden hacer, pero cuando ha pasado por sus manos ha mejorado un poco su imagen.

Entre las esposas de los hombres del poder que lo visitan, está la ex primera dama de Chiautempan, o la cónyuge del líder estatal del PAN, Sergio González Hernández.

También la ex secretaria de Gobierno y ex candidata al senado, la priísta Anabell Ávalos ha recurrido a los servicios del estilista que, dicen algunos, ya se encuentra en algunas nóminas públicas debido a que sus servicios son considerados de “prioridad” estatal y ¡cómo no!, si algunas de nuestras políticas apenas si se lavan el rostro para ir a trabajar.

Y no miento, hace algunos meses uno de mis corresponsales fue testigo de un bochornoso incidente que protagonizó la diputada perredista Alejandra Roldán.

Durante la ceremonia de reconocimiento a los participantes en el parlamento juvenil, a la legisladora le fue impedido su ingreso al inmueble donde se realizaba el evento.

Personal de seguridad del Ejecutivo estatal se reservó el derecho de admisión ya que al verla no daba la finta de diputada, más bien parecía representante de alguna agrupación inconforme con la entrega de reconocimientos a los jóvenes.

Pese a sus gritos y pataleos doña Alejandra no entró. Su coraje fue mayúsculo ya que su hija la acompañaba al evento como invitada para atestiguarlo.

En otro tema y ya que hablamos de la senadora Lorena Cuéllar, recientemente presentó su periódico denominado El Rumbo. Su iniciativa es buena pero resulta que su estrategia ha comenzado a ser cuestionada por su clara intención de confundir a la población ya que el nombre de su medio es casi igual a la publicación que tiene el gobierno estatal denominada Con Rumbo.

Pero lo realmente grave es que sus detractores podrían iniciar un procedimiento legal en su contra debido a que la publicación violaría el Artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que en el título séptimo establece que “la propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difundan como tales, los poderes públicos, los órganos autónomos, las dependencias y entidades de la administración publica y cualquier otro ente de los tres órdenes de gobierno, deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social. En ningún caso esta propaganda incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público”.

Ojalá sus asesores revisen ese parte para evitar que al rato le resulte contraproducente y sin Rumbo.

Nos leemos la próxima semana