A la Verónica: Agarrón torero
26 de noviembre - 2012

Gerardo Orta

Gran competencia de capotazos, de quites, de muletazos y detalles pintureros se dejó sentir en serio este domingo en la sexta corrida de la Temporada Grande en la Monumental Plaza México.

Con el afán de gustar en cada uno de sus toros, los tres toreros de postín alborotaron a la afición capitalina que hacía tiempo no veía a tres toreros triunfar de forma justa.

Julián López “El Juli”, Arturo Saldivar y Diego Silveti, hicieron la tarde a los que gustamos de la más bella de todas las fiestas.

Tres toros de bandera, de la ganadería de Los Encinos. Hierro que ya se está convirtiendo en uno de los favoritos de la afición y de los propios toreros por mantener y preservar la bravura en cada uno de los toros que saltan al ruedo. Que embestidas, que bravura, con picante los bichos del ganadero Eduardo Martínez.

El torero madrileño regaló pinturas con el capote, lanceó con los brazos muy abajo, desmayando los lances.

Con la muleta, “El Juli” se recreó, se arrimó –como siempre- al primer toro de la tarde. Qué bien lo llevó por el lado izquierdo, el español toreó largo, despacio, los lances parecían interminables; a la postre cortó dos apéndices al dejar una estocada entera previo a un pinchazo.

El lado izquierdo del toro fue, sin duda, el mejor del animal. Recordé los naturales que la semana pasada dibujó el también ultramarino Morante de la Puebla, sin embargo, jamás haré una comparación de ambos toreros, pues los dos poseen maestría para torear pero con estilos completamente distintos.

Además no quisiera insultar al fanatismo lopecista y morantista que por muchos los hay entre la afición. Sin embargo, ambas faenas quedarán para la historia.

El hidrocálido Arturo Saldivar no se dejó ganar la tarde y como gallo de pelea, como aquellos de la canción de su tierra, salió de la tronera de matadores a mostrar lo mejor de sí.

Resuelto como siempre, con seriedad y prestancia le salió a su primer toro.

Con el capote dejó ver chicuelinas muy ajustadas cuando el toro salió de la suerte de varas. El matador se dejó pasar al toro a milímetros del cuerpo y remató soltando una punta del capote en una escena muy torera.

En el último tercio, Saldivar también dibujó tremendos muletazos que levantaron a la asamblea de sus asientos, con excelente toro, el diestro toreó por los dos lados. Mejor el pitón derecho del morito que salió en segundo.

Arturo Saldivar toreó en redondo, bajó la muleta y amalgamó perfectamente con su colaborador. El joven torero mexicano dejó una estocada tendida que dificultó la muerte del toro, y después de doblar, la gente lo premió con el corte de dos orejas.

El que también demostró su estirpe, fue el guanajuatense Diego Silveti. El torero que venía de una tunda importante se repuso y demostró que los Silveti están hechos de hierro, son difíciles de doblar, los percances no los alejarán nunca de los toros.

Diego se plantó firme en el ruedo capitalino. Con su estilo característico y personalísimo, logró alborotar el gran embudo de la Plaza México.

Saludó al toro en tablas, lanceó elegantemente y con los pies separados. Alargaba los capotazos y después de cuatro verónicas remató con una media un poco deslucida por el recorrido que hizo el toro.

Silveti ordenó un breve castigo a su toro, el cual fue de menos a más. El bicho llegó entero al último tercio, con emotivo y alegre recorrido.

Comenzó a torearlo con pases por alto que después se convirtieron en bonitos derechazos.
Diego también corrió la mano de forma sublime, dicen que el toreo es efímero, sin embargo, los instantes que regaló el menor de los Silveti con la muleta quedarán en la memoria después de esta tarde de éxtasis.

Silveti se enfrentó a un toro con picante, que iba desarrollando sentido y tras cada muletazo se volvía más peligroso.

Pero cuándo ha importado esto a un Silveti. El domingo, Diego lo demostró.

Con sendas bernadinas puso la piel de gallina de tan cerca que se lo pasaba, a milímetros del cuerpo cambiaba el engaño para vaciar la suerte por el lado contrario.

Emotivos sus desplantes, el desdén y el de trinchera para un cartel.

Diego mató de manera defectuosa a su toro, dejó la espada tendida y ligeramente desprendida, sin embargo el toro dobló, después de vender cara la muerte, un torazo al que le cortó las dos orejas.

Los tres primeros toros de Los Encinos resultaron de bandera. La primera tercia fue aplaudida y reconocida por el juez Gilberto Ruiz Torres con los honores del arrastre lento, el tercero, el de Diego, dio vuelta al ruedo, quizá excesiva, pues el primer toro de “El Juli” fue mejor.

Qué importancia tiene que se presenten toros de esta bravura en las plazas, ojalá viéramos ganado de este tipo en todas las tardes, si bien es cierto que el toro no tiene palabra de honor, el aficionado siempre agradecerá el toro bien presentado, con la edad y la bravura que aporte el peligro a la faena.

“El Juli” demostró que sigue siendo una de las primeras figuras del toreo mundial, llegó en plan de maestro a la Monumental y tuvo un gesto digno de resaltar al brindar su segundo toro a Arturo y Diego.

Los mexicanos, sacaron la casta, le pelearon las palmas al madrileño e igualaron la papeleta, pues ambos coletas triunfaron junto con Julián al cortar dos apéndices respectivamente.

Esto es lo que hace falta a la Fiesta de los Toros, el pique, la garra torera y la competencia. Ojalá que los años venideros sean de sana competencia en las plazas, pues la baraja taurina mexicana pinta para una época de tremendos agarrones en los ruedos.