Más recursos económicos para la cultura
23 de noviembre - 2012

Por: Lorena Cuéllar

Quisiera referirme esta ocasión a la solicitud reciente que compañeros Senadores presentaron ante el pleno de la Cámara Alta, para exhortar a la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la H. Cámara de Diputados para que en el proceso de análisis, discusión y aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal del año 2013, se asignen para el sector cultural de nuestro país, recursos por un monto que resulte equivalente en términos reales, a los que lograron canalizarse para el presente ejercicio de 2012.

Y de la misma manera al exhorto a la misma Comisión para que adopte las previsiones necesarias para que se alcancen de forma gradual, mediante asignaciones anuales crecientes, los niveles de recursos recomendados por la UNESCO de un uno por ciento del Producto Interno Bruto para el sector cultural.

Es cierto, la responsabilidad del estado para promover, difundir y divulgar la cultura en nuestro país, ha sido durante las últimas décadas la aplicación de políticas públicas que de ninguna manera reflejan la importancia de la cultura para nuestro pueblo.

También es cierto, y eso lo dice el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, que los apoyos a la Cultura en México, han sido escasos, con incrementos importantes pero no suficientes para elevar el impacto de estas actividades en la población, y más aún, en el desarrollo del país.

La cultura no solo incide en hacer de los ciudadanos individuos más sensibles, con un amplio sentido de pertenencia de su patrimonio tangible e intangible, o del reconocimiento de la diversidad de nuestras culturas, también contribuye a la cohesión de la sociedad, en el fortalecimiento de su identidad y en el mejoramiento de su bienestar.

El presupuesto asignado a la cultura se ha elevado en más de tres veces en el período que va de 2000 a 2011.

No obstante, los resultados alcanzados no guardan congruencia con este incremento, ya que en el mismo lapso se observan descensos importantes en algunos indicadores tradicionales para medir las políticas culturales; pero también observamos que no se reflejan resultados importantes en la conservación del patrimonio edificado; en la construcción de más museos, fundamentalmente comunitarios; en la conservación y divulgación de las culturas populares; en la difusión del patrimonio documental, y en la utilización de las nuevas tecnologías de la información a favor de la cultura.

Resultados tan limitados es por la ausencia de programas sustantivos y a la ausencia de una acción cultural coordinada entre la federación y los gobiernos locales, que siguen actuando bajo los criterios impuestos por el CONACULTA y no por acciones articuladas entre los niveles de gobierno, incluyendo a los municipios, que consideren sus identidades y reconozcan la diversidad de sus expresiones.

Sí, es necesario mayor presupuesto a las acciones de las políticas culturales del país, estamos de acuerdo, pero es necesario un análisis minucioso en el destino y aplicación de esos recursos, que podamos medir sus resultados, evaluar los impactos en el desarrollo social de la nación; que no se siga pensando que la cultura es el apoyo privilegiado a las bellas artes, a la asistencia muchas veces elitista a sus presentaciones y poco se detenga, repito, en el cuidado del patrimonio, en el fomento de las culturas populares y el reconocimiento a la diversidad cultural.

De ninguna manera los incrementos del presupuesto aprobado para la cultura y su uso, es el parámetro para medir su impacto real.

Tenemos que revisar también la legislación en esta materia y pensar en la creación de la Secretaría de Cultura, como instrumento normativo que diseñe y establezca las políticas culturales en el país.

Sí, hay que aumentar el presupuesto a la cultura, pero no podemos soslayar que los incrementos hasta ahora otorgados fueron promovidos por la misma Cámara de Diputados, y no por una estrategia política del ejecutivo definida y orientada a beneficiar a todos los sectores de la población.

Otros países, como España, incluyen en su legislación el equivalente al menos al uno por ciento del presupuesto estatal a financiar acciones de cultura, de conservación o enriquecimiento del patrimonio histórico y de fomento de la creatividad artística; nosotros deberíamos seguir ese ejemplo encontrando las coincidencias entre todas las fuerzas políticas.

Insisto, es necesario un análisis más profundo sobre el destino de los recursos que ejercen cada una de las instituciones de la cultura y a su interior por capítulo de gasto, que permita analizar el peso relativo del presupuesto ejercido en sueldos y salarios respecto al total y compararlo también con las erogaciones destinadas propiamente a promover actividades culturales y al apoyo también a los trabajadores de la cultura en sus diferentes ámbitos.

Estamos hablando de eficacia y eficiencia en el ejercicio del gasto. No existe una relación directa entre la evolución de los indicadores de eficiencia de las acciones culturales señalados y el incremento del gasto en cultura.

El problema de mayores recursos a la cultura, no es solo de más dinero, es también de actualización del marco normativo, de políticas claras y sostenidas que fortalezcan a todos los sectores del país.

SENADORA POR EL ESTADO DE TLAXCALA
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